Andrés Sánchez Robayna

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La Prueba

Mira: a punto estás de penetrar en el bosque.
Vas a dejar la casa blanca de la cima,
tan plácida, tan llena de música y sosiego,
y ahí te espera el bosque impenetrable.

Irremediablemente deberás cruzarlo;
el bosque que desciende por ladera escabrosa,
el bosque en que no hay nadie
y el bosque en que puede haber de todo,
el bosque de humedades venenosas,
morada de lo negro
y de una luz que enturbia la mirada.

Entra en él con cuidado y sal sin prisas,
mas nunca se te ocurra abandonar la senda
que desciende y desciende y desciende.
Mira mucho hacia arriba y no te olvides
de que este tiempo nuestro va pasando
como la hoz por el trigo.

Allá arriba, en las ramas,
no hay luces que te cieguen si es de día.
Y si fuese de noche,
la negrura más honda la siembran faros ciertos.
Todo lo que está arriba guía siempre.

Mira, te espera el bosque impenetrable.
Recuerda que la senda que lo cruza
-la senda como río que te lleva-
debe de ser dulce y no boa untuosa
que repta y extravía en la maraña.
Que te guíe la música que dejas
-la música que es número y medida-
y que más alta música te saque
al fin, tras dura prueba, a mar de luz.

De "Palmas sobre la losa fría" 1989

Andrés Sánchez Robayna

La Abubilla

En la hierba del cielo, o de los mundos,
el animal levanta el vuelo breve,
la cabeza incendiada, el cuerpo astuto,
la cresta reflejada por los charcos del tiempo.

Lo vi en días de luz que no regresa,
pero un niño regresa. Un niño, ahora,
cuida su pata herida junto a una casa blanca,
en el tiempo sin tiempo y en el no de la luz.

De "Fuego blanco" 1992

Andrés Sánchez Robayna

Paréntesis

los pasos que se oían en la grava
avanzaban a ras del mediodía

hacia los setos invisibles iba
la sombra entre las manchas de los pétalos

rojos sobre la grava negra rojo
oscuro de los pétalos echados

sobre la grava negra y aquel árbol
y aquella luz querían decir algo

De "La roca" 1984

Andrés Sánchez Robayna

Ultílogo

Y transcurrieron los días. Y los años.

Y vino la Muerte y pasó su esponja por toda la extensión de la fraga* y desaparecieron estos seres y las historias de estos seres.

Pero detrás todo retoñaba y revivía, y se erguían otros árboles, y en las cuevas bullían las camadas recientes y la trama del tapiz no se aflojó nunca.

Y allí están con sus luchas y sus amores, con sus tristezas y sus alegrías, que cada cual cree inéditas y como creadas para él, pero que son siempre las mismas, porque la vida nació de un solo grito del Señor y cada vez que se repite no es una nueva Voz la que la ordena, sino el eco que va y vuelve desde el infinito al infinito.

*Bosque.

De "Tinta" 1981

Andrés Sánchez Robayna