Arturo Carrera
Visible, invisible
Que este brío dure,
que los pájaros imiten
el grito de los terneros
al anochecer. La gata agazapada
bajo el vaho de las buenasnoches.
Y mezclas, matices,
pero como se mezclan dos nubes
y como entra en el incienso el hipo del incienso
haciéndonos sentir su barrido,
su despejo de falsas sensaciones.
Y como entra la noche en el atardecer
bajo la soledad sonora de los grillos
?la música callada de las luciérnagas mezquinas.
y que se unan otra vez esas rachas de sonido
a la única voz en que juntos vacilamos.
Sonidos que ignoraban ser iguales,
apenas iguales: secretos ejercicios de alegría
visible como el espiado,
como un habla de visible en lo invisible,
la laguna.
Casa de triciclo
II
No era la luz que sacude el relámpago
sino el dedo de Zeus, como dicen: su primera
indicación, el rayo;
el índice de alguien que señaló
espectáculos y cosas
la lluvia y el árbol,
la voz y su leve mano
parecida a la idea,
a un sueño detallado.
Y el impulso que tía Anita le daba al triciclo
que no era mío y que aún me lleva, de noche,
por la galería.
(¿...o es la claridad del recuerdo invencible
que ahora acepta
el robado paseo?)
Veo las manos en el pequeño manubrio,
su voz dice cosas,
murmura como un amante,
y en las baldosas de la galería
veo pasar los dibujos imprecisos
de donde brota luz, un poco de luz
de luciérnaga aplastada...
pero mucha menos luz que en cada puerta
de cada habitación donde los listones
de la madera pulida empiezan a alinear para mí
el olor de las hierbas y las flores del patio
todavía húmedas.
Y el rumor de las conversaciones
y las palabras arrancadas
como para detener la noche.
Pero yo sonreía de ciego; iba envuelto
en la velocidad ignota. Oía el leve pie
que tomaba impulso, intermitente,
tras una punta de su pañuelo negro
que rozaba mi oreja.
Soy ahora ese lentísimo movimiento
y el paseo de un vespertillo ralentado.
Debo de reconocer esto que sueño despierto,
estas desemejanzas que al entrar en contacto /
comportan fatiga,
como quiso Teofrasto,
el teórico de las sensaciones:
toda sensación va acompañada de dolor
incluso al escribir y leer estas palabras
sin dónde,
ni cuándo,
sólo el blá blá blá de las tías.
Y aún anhelando pero confusamente
aquel sentido unánime
de los sentidos.