Ausiàs March

Se han encontrado 3 pensamientos de Ausiàs March

Sexto Canto de Muerte

Si durante algún tiempo creí amar,
de tal sentimiento, poco conozco ahora en mí.
Si me comparo al común de la gente,
es verdad que hallo en mí gran amor;
mas si recuerdo a alguien de otro tiempo,
y lo que Amor puede en buena disposición,
ni tan sólo puedo darme el nombre de amador,
pues mi pasión no es tanta como debiera.

La que tanto amé, ya murió,
y yo sigo vivo, viéndola morir;
un gran amor no podría sufrir
que la Muerte de ella me alejara.
Tendría que ir a buscarla a su camino,
mas no sé qué me impide decidirme:
parezco quererlo, mas no es verdad, pues la Muerte
no se resiste a quien en sí la desea.

Claro está que mi vida no terminó,
cuando vi cómo la muerte se le acercaba,
y llorando decía: -¡No me dejéis,
sentid el dolor que el dolor causa en mí! -
¡Oh malvado corazón de quien en tal trance
no queda despedazado y sin sangre!
Un poco de piedad, un poco de amor
bastaría para mostrar un gran dolor.

¿Quién será aquél que llegue a dolerse
la bastante de los piadosos males que la Muerte trae?
¡Oh mal cruel, que la juventud arrebatáis
y hacéis que la carne se pudra en la fosa!

El espíritu, despavorido, va volando
a incierto lugar, temiendo la condena eterna;
todo el placer presente atrás queda.
¿Qué Santo no dudó ante la Muerte?

¿Quién será aquél que lamentará la muerte
propia o ajena, tanto como grande es el mal?
No se puede sentir el dolor mortal,
y menos aquél al que la muerte jamás tentó.
¡Oh mal cruel, que para siempre separas
los ánimos que siempre permanecieron unidos!
Mis sentimientos se hallan aturdidos;
mi espíritu perdió la sensibilidad.

Todos mis amigos me compadecerán
así que vean mi pasión;
el falso compañero se alegrará,
y el envidioso, que disfruta con el mal,
¡pues, tanto como puedo, sufro y sufrir quiero,
y si no padezco, siento fuerte disgusto,
pues deseo no volver a sentir placer
y que jamás cese el llanto de mis ojos!

No amo tan poco como para que no mojen mi cara
las lágrimas, al pensar en su vida y en su muerte;
rememorando su vida, vivo en la tristeza,
y su muerte lamento tanto como puedo.
No logro más, nada más puedo hacer,
sino obedecer lo que mi dolor ordena;
antes quisiera perder la razón que no el dolor,
y de poco amor me acuso, puesto que no muero.

No se excuse el amador de amar poco
si sigue vivo, estando muerta su amada;
que viva por lo menos apartado del mundo,
y que tan sólo tenga el nombre de cautivo.

Versión de José Batlló

Ausiàs March

«placer No Tiene Ser Do No Se Sabe...»

Placer no tiene ser do no se sabe;
pierde su merescer mucha costumbre.
Morimos por saber de amor la cumbre
y en viéndola de mala no nos cabe;
aquello que pensamos que perdido
dará poco dolor, cuando se pierde
no hay cosa que al sentido desacuerde
tanto como sentir que se haya ido.

A tal extremo y punto soy llegado
que aquello que más quise en esta vida
lo siento con tibieza descaída,
y al punto que lo pierdo soy quemado.
Ninguno puede ver tales hazañas
como las veo después que al cielo fuistes;
sin vida con moriros me hecistes;
Dios sabe el porvenir destas marañas.

El bien o mal que da o quita fortuna,
hijos, hacienda, honor abalanzaron
aquellos que tras vicios caminaron,
teniendo a la virtud por importuna;
yo tengo ya mi cuenta fenescida:
no puedo haver jamás ningún contento,
no lloro lo futuro que no siento,
la vuestra muerte cruel fue mi homicida.

Tengo de mi dolor placer sencillo,
holgando de mi mal por quien le tengo;
con este imaginar yo le sustengo,
ni helgo de dejalle ni sufrillo.
¡Oh espíritu que estás gozando el cielo!,
si vees de allá mi mal, de mí te duele
y tu gloria y beldad se me revele,
que espíritus te dan gloria y consuelo.

Muerte que quita el bien y la riqueza
que vida suele dar a los mortales,
cuanto era me llevó, sino mis males,
dejando de aquel tiempo una tristeza.
A todos doy señal de lo presente
mostrando de pesares el extremo;
del tiempo por venir recelo y temo,
pues sola la tristeza en mí se siente.

Nunca de mi dolor me veo pagado,
pues busco en el dolor el alegría;
mi corazón es duro, pues podría
vivir siendo de vos desamparado.
Amor fue mi enemigo en aquel punto
que os vi dejar el cuerpo tan hermoso;
cruel fue más que león el ser piadoso,
y más mi corazón, que no es defunto.

No puede en breve tiempo el mal sentirse
cuánto es como después que es conoscido;
ataja un gran dolor todo sentido
el tiempo, que le hace dividirse;
razón pide que el mal, para entenderse,
se parta, porque en tiempo viva y dure,
porque de hacer placer nunca se cure
ni nadie jamás pueda dél valerse.

No cure de juzgarme a mí ninguno
si no sabe la causa de mi duelo:
la muerte me llevó mi bien al cielo,
dolor es este tal más que importuno.
¿Quién puede ser tan cruel que así no llora
a quien más que a sí mismo en vida quiso,
ni cómo de llorar se ve arrepiso
privado ya de ver a mi señora?

La muerte es desventura al más dichoso,
mirá qué puede ser al desdichado;
todo lo trae la cruel amedrentado,
por siempre su dolor es congojoso.
Aquesta del amor cruel enemiga,
contino anda partiendo corazones;
de un golpe a vos y a mí partió sus dones
y en mí quedó el durar de su fatiga.

Versión de José Batlló

Ausiàs March

«busquen Las Gentes Fiestas Con Alegría...»

Busquen las gentes fiestas con alegría,
alabando a Dios, entremezclando deportes;
que plazas, calles y deleitosos jardines
se llenen con los relatos de grandes gestas;
y vaya yo los sepulcros buscando,
interrogando a las almas condenadas,
que me responderán, pues no están acompañadas
sino por mí en su perenne lamento.

Cada cual busca y quiere a su semejante;
por esto no me agrada el trato con los vivos.
Al imaginar mi estado, se tornan esquivos;
como de hombre muerto, de mí toman espanto.
El rey ciprio, prisionero de un hereje,
no es a mis ojos desventurado,
pues lo que quiero jamás será logrado;
de mi deseo médico alguno podrá curarme.

Como Prometeo, a quien el águila come el hígado
y siempre brota de nuevo la carne,
y jamás termina el pájaro de devorar;
más fuerte dolor que éste me tiene asediado,
pues un gusano me roe el pensamiento, 1
otro el corazón, y de roer no cesan,
y su trabajo no podrá interrumpirse
sino con aquello que es imposible de lograr.

Y si la muerte no me infiriese la ofensa
-alejándome de tan placentera visión-,
no le agradecería que vista de tierra
mi desnudo cuerpo, quien no piensa perder
el placer, pues tan sólo imagina
que mis deseos no pueden cumplirse;
y si mi postrera hora ha llegado,
término tendrá también el bien amar.

Y si en el cielo me quiere Dios albergar,
amén de verle, para cumplir mi deseo
será preciso que allá me sea dicho
que mi muerte vos tenéis a bien llorar,
arrepintiéndoos de que por vuestra poca merced
muriese un inocente, mártir por amaros:
pues el cuerpo del alma separaría
si en verdad creyese que de ello os doleríais.

Lirio entre cardos, vos sabéis y yo sé
que bien puede morirse por amor;
si creéis que en tal dolor me hallo,
no os excederéis, poniendo en ello plena fe.

Versión de José Batlló

Ausiàs March