Camilo Pessanha
Paisajes de Invierno
I
Detente, oh corazón, no avances más.
¿Dónde vas tan aprisa, desgraciado?
Mis ojos encendidos que el pecado
quemó -¡es el sol!- Volved, noches de paz.
Cargan nieve los olmos del camino.
La ceniza se enfría en el hogar.
Noche en la sierra y en un pobre lar...
¡Ojos!, tened un gesto vespertino.
Evocad las extintas primaveras:
-ya van a florecer esos manzanos
y hay que adornar los sombreros con flores-.
Calmaos, ojos, frenad esos ardores.
-Y hemos de ir a cantar en las postreras
letanías... Dulces voces de ancianos-.
Versión de Amador Palacios
¡esbelta Surge! ¡viene de Las Aguas, Desnuda...
¡Esbelta surge! ¡Viene de las aguas, desnuda,
gobernando una concha inmaculada!
Las caderas flexibles, los senos palpitantes...
Muere mi boca por besar tu boca.
¡Sin vil pudor! ¿De qué hay que avergonzarse?
Soy un hermoso joven, casto y fuerte.
¡De blanco pecho! -que la muerte acoja...
Aunque la infame deba ahora esperar-.
Creyendo que es la hidra voy a acabar con ella
yendo a la roca donde creo que estás,
con los cabellos escurriendo agua,
e ir a inclinarme y desmayar de amor,
bajo el fervor de mi virginidad
y mi pulso de joven gladiador.
Versión de Amador Palacios
Crepuscular
En el ambiente flota un rumor de quejumbre,
de deseos de amor, de ayes retenidos...
Una ternura ingrávida, punteada de balidos,
apaga su fragancia en esta pesadumbre.
Se marchitan las madreselvas en los zarzales
y el aroma que exhalan a través del espacio
se parece a esos vértigos de gozo y de cansancio
que aguantaban, nerviosas, las antiguas vestales.
Se perciben espasmos, y agonías de ave,
que son inaprehensibles, mínimas y serenas...
Tengo entre mis dos manos tus dos manos pequeñas,
y en mi mirada tengo tu mirada suave.
Ah tus dos manos blancas. por la anemia nevadas
Oh tus dos ojos llenos de suave tristeza...
Es la hora del desmayo de la naturaleza.
de esta vaga expiación del fin de las jornadas.
Versión de Amador Palacios
En Un Retrato
Cuando, bajo el montón cuadrangular
de tierra fresca que me ha de enterrar,
y después de ya mucho haber llovido,
cuando la hierba avance hacia el olvido,
aún, amigo, mi mirar de antaño,
cruzando el mar vendrá, sin un engaño,
a envolverte en un gesto enternecido,
como el de un pobre perro agradecido.
Versión de Amador Palacios