Constantine Cavafy

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En Un Viejo Libro

En un viejo libro de hace casi cien años,
entre las hojas olvidada,
encontré una acuarela sin firma.
Ha de haber sido obra de un poderoso artista
Llevaba como título: «Imagen del amor».
En un viejo libro

-Del amor extremadamente sensual, sería más preciso.

Porque era manifiesto al contemplarla
(en nada se ocultaba la intención del artista)
que al amor ejercido sanamente, dijéramos,
al amor más o menos permitido,
el joven del dibujo
no fuera destinado: con sus profundos ojos pardos
y la sutil belleza de su rostro,
la absorbente belleza de lo anómalo,
sus labios ideales
que entregan el placer a un cuerpo amado,
sus ideales miembros hechos para camas
que infames considera la ordinaria moral.

Versión de José Ángel Valente

Constantine Cavafy

En La Calle

Su simpático rostro un poco pálido
y los ojos castaños aún absortos.
Veinticinco años, aunque aparenta más bien veinte.
Algo le da en su atuendo vago aire de artista:
la corbata tal vez o la forma del cuello.
Marcha sin fin preciso por la calle
como aún poseído del placer ilegal,
del prohibido amor que acaba de ser suyo.

Versión de José Ángel Valente

Constantine Cavafy

Mar En La Mañana

Que me detenga aquí.
Que también yo contemple por un momento
la naturaleza,
el luminoso azul del mar en la mañana y del cielo sin nubes
y la amarilla arena: estancia
hermosa y grande de la luz.

Dejadme
que me detenga aquí y crea que esto veo
(ciertamente esto vi un instante tan sólo cuando aquí me detuve)
y no, incluso ahora, mis sueños, mis recuerdos,
la rediviva imagen del placer.

Versión de José Ángel Valente

Constantine Cavafy

El Viejo

En una esquina del café sonoro de murmullos confusos
un anciano sentado se inclina sobre la mesa,
leyendo un periódico, sin compañía.

Y en el ocaso de su miserable senectud
piensa cuán poco gozó en los años)
cuando tuvo la fuerza y el verbo y la belleza.

Sabe que está muy viejo, y lo siente, y lo ve.

Y, sin embargo, le parece que la juventud
fue ayer. ¡Corto intervalo, corto!

Y piensa en qué forma lo embaucó la prudencia,
cómo de ella se fió y qué locura
cuando la engañadora le decía: «Mañana.
Tienes todo tu tiempo».

Se acuerda de los impulsos que detuvo y cuántas
delicias sacrificó. Ocasiones perdidas
que burla ahora su prudencia insensata.

...A fuerza de rumiar pensamientos y recuerdos
el vértigo lo invade. Y se duerme
inclinado sobre la mesa del café.

Versión de Fernando Arbeláez

Constantine Cavafy

Muy Raramente

Es un viejo.
Agotado, encorvado,
vencido por los excesos y los años,
por la calleja avanza con pie lento.
Sin embargo, cuando entra en su casa para esconder allí
su ancianidad y su miseria, piensa
en todo la que aún comparte con él la juventud.

Los jóvenes recitan sus versos.
Las imágenes
por él creadas ahora encienden sus ojos.
Su sano y voluptuoso espíritu,
su cuerpo hermoso y firme aún, se conmueven
con la expresión que él diera a la belleza.

Versión de José Ángel Valente

Constantine Cavafy

Días de 1901

Esto era lo que había de excepcional en él:
a pesar de su vida disoluta,
de su larga experiencia del deseo
y de la habitual correspondencia
con que en él se mostraban la actitud y la edad,
había insólitos momentos,
ciertamente muy raros, en que daba
la impresión de una carne casi intacta.

La belleza de sus veintinueve años,
que tanto en el placer fuera probada,
recordaba de pronto paradójica
la de un adolescente que con cierta torpeza
por vez primera su intocado cuerpo abandona al amor.

Versión de José Ángel Valente

Constantine Cavafy

Uno de Sus Dioses

Cuando uno de ellos atravesaba el ágora
de Seleucia al caer la tarde,
en la figura de un hombre joven, alto y hermoso,
perfumada la negra cabellera
y la alegría de la inmortalidad en sus pupilas,
los que al pasar le contemplaban
se preguntaban uno a otro si alguien acaso le conocía,
si era tal vez griego de Siria o un extranjero. Pero algunos
que le observaban más atentos
comprendían y se apartaban.
Y mientras él, bajo los pórticos,
entre las sombras se perdía y la luz tenue del crepúsculo
hacia los barrios que despiertan
sólo en la noche para la orgía,
la embriaguez y la lujuria y todo género de vicios,
admirados se preguntaban cuál de entre ellos era éste
y por qué placer equívoco
hasta las calles de Seleucia descendía desde la augusta
beatitud de sus moradas.

Versión de José Ángel Valente

Constantine Cavafy

Monotonía

A un día monótono otro
monótono, invariable sigue: Pasarán
las mismas cosas, volverán a pasar -
los mismos instantes nos hallan y nos dejan.

Un mes pasa y trae otro mes.
Lo que viene uno fácilmente lo adivina:
son aquellas mismas cosas fastidiosas de ayer.
Y llega el mañana ya a no parecer mañana.

Versión de Miguel Castillo Didier

Constantine Cavafy