David Escobar Galindo

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Ars Poética

¡Belleza, flor de sueño, al fin alientas
después de tanto espanto y tanto llanto!
Porque también tu gracia puede tanto,
tanto más que el crujir de las afrentas.

Después de la dolencia del espanto,
cómo surgen tus músicas sedientas:
surtidores que ayer fueron tormentas
murmullos que mañana serán canto.

Se escondió tu vigilia donde pudo,
durmió entre los escombros hecha un nudo,
se ocultó en un rincón de la cornisa.

Pero ha venido el tiempo del sosiego.
¡Y tú, belleza, manantial de fuego,
renaces otra vez de la ceniza!

"Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992

David Escobar Galindo

Devocionario

I
La paz no necesita de los héroes.
el heroísmo de la paz es otro.
Es un sereno paso sin angustia
por aquel campo en que acechaban minas.
Y es sobre todo ese convivio afable
de la diversidad de los anónimos.

II
La paz cierra la cripta de los mártires
y los deja dormir, para que olviden
que la tierra es el sitio pavoroso
donde todos los miedos son posibles
Bien se merecen su corona de oro,
bajo la condición de que se duerman.

III
La paz no la hace nadie. Se hace sola.
Lo importante es sembrar una semilla.
La gente piensa que la guerra es fuerte:
!Qué va! La guerra es sólo un aneurisma.
Alguien la pincha, y se desangra toda.
La paz en cambio es la verdad de un árbol.

IV
No me pregunten por qué soy pacífico.
Es algo natural, quizás congénito.
Esto es lo que tal vez muchos no entienden
que no todo poeta es un revólver.
Por mí, que los revólveres se esfumen.
Eso sí: No me toquen a la rosa.

"Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992

David Escobar Galindo

Los Que Pasan

Los que pasan no saben
que una flor
es el precio de la suerte.

Los que pasan no saben
que tras la piel
se esconden otras vidas.

Los que pasan no saben
que los grandes espacios
son nuestra casa del mañana.

Los que pasan no saben
que la sangre es el único
pasaporte seguro.

Los que pasan no saben
que nadie es fuerza viva
antes de penetrar en otro espiritu.

Los que pasan no saben
que la luz del amor
jamás será ceniza.

Los que pasan no saben
que una flor
es el precio del milagro.

Los que pasan no saben
que ya somos eternos.

Con sólo tener esta
conciencia del misterio.

Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992

David Escobar Galindo

Los Que Se Quedan

Siempre hay algunos que se van; pero tú te quedas. El peligro es enorme, la inseguridad es profunda, el miedo es inevitable; pero tú te quedas. Hay días en que tienes que caminar por las calles desiertas, como un fantasma del país que fue; pero miras el cielo transparente y magnifico, y te detienes en una esquina, y te dices: ¿Quién vaa admirar este cielo perfecto si yo me voy?

Siempre hay algunos que no resisten más; pero tú resistes. El sonido de los bombardeos te despierta sobresaltado en las madrugadas; pero tú resistes. Tus padres, tu esposa y tus hijos lloran, quizás, agobiados de angustia; pero tú sabes que siempre existen los que se van y los que se quedan, y tú no puedes dejar de estar entre los que se quedan.

Es ante ti que yo me detengo, e inclino la cabeza. ¡Es a ti a quien yo saludo, con el orgullo convertido en lágrimas¡ ¡Tú eres el único héroe a quien yo reconozco en estos días de prueba!

"Doy fe de la esperanza" 1985 - 1992

David Escobar Galindo

El Viejo Grito

Sorpresa. Barro. Espíritu.
Llegas cayendo en mí, lluvia del tiempo,
con tus augustas sombras de fría limpidez,
y de repente estoy en otras épocas,
entre las piedras de otros horizontes,
libre de la conciencia que me amarra a una imagen voluble
como el polvo,
concluyendo en un ancho silencio de memorias.

¿Este -aquí- es mi dolor o en el pulso inventado?
Tú no calles, nostalgia de la esfinge.
Vuelvo de las tormentas, de los rostros,
de la miradas húmedas en alcohol o belleza,
de los niños que un día salieron de mis ojos,
de la remota luz que temblaba en las flores de una
música ajena,
y al recorrer mis pasos conocidos
ya no soy el primer habitante que gime,
el sol es como un ojo vacío a mis espaldas.
¡Tú no calles, nostalgia de la esfinge!
Algún día se llega de regreso a la sombra
y entonces es preciso llevar siquiera un rayo de certeza.

En las bodas del sol y de la tierra,
la edad perdió sus laberintos
al conjuro del tiempo destrozado...

En las bodas del sol y de la tierra,
fue el principio del rostro.
Fue la ferodidad un lirio de ternura.
El hallazgo vacío. El crecimiento
para poblar de llamas el recuerdo...

Bodas,
relucientes bodas que en verdad fueron bellas...

David Escobar Galindo