Eugenio de Nora
Último Sueño
Aquí hubo un hombre. Aquí, sobre este borde mismo,
yo vi su chorro erguido cesar, caer de pronto.
En esta misma esquina del tiempo estaba, estuvo.
Pero aquí ya no hay nadie. El silencio y mi llanto.
Yo miré con fijeza los ojos que aún brillaban
en el borde. Y me dieron su secreto de pronto.
Despertaba, aquel hombre. Había dormido mucho,
en un profundo ensueño semejante a la vida.
Lo recordaba todo como un largo viaje:
había tibios valles, grandes y frías lunas,
o estrellas perfumadas de azahares y almendros;
y agua entre guijas, dulce, donde posar los labios.
Otras veces el viento se ceñía con ansia
sorbiendo tristes hojas amarillas; la lluvia
que desnuda y empapa lo viviente, caía.
Mas la belleza hiere, deja el dolor, y huye.
Y los hombres... Pasaban, más veloces que el mundo.
Cruzaban sin mirarse. Corrían de prisa, ciegos,
brutalmente asediados por fábricas, o barcos,
o un olor repentino a dura hembra mojada.
¡Cómo tus tristes muros, soledad, levantaste!
Sólo antes, cuando el niño fue pétalo en la aurora,
oh fuente del ser, clara, la madre remotísima
dio amor, beso que aún dura, separación aún viva.
Sólo alguna vez, luego, fugaces, unos ojos
que dulcemente hicieran recordar los primeros.
...¡Oh triste, triste sueño! La soledad por siempre,
y ahora que ya despierto, que como niebla olvido...
Porque todo fue sueño, porque despierto y miro
la luz, la luz. He sido. jPorque ya nada quiero!
Porque hace tres mil años que tú me acariciabas,
jmimosa, honda, vacía!, para que me despierte...
Como dormidos viven los hombres. No lo saben.
¡Yo acuso, yo golpeo, yo clamo! Aquí fue un hombre.
Antes de tres mil años otro vendrá: ¡miradlo!
Mirad. Este es el borde. Nadie responde aquí.
"Cantos al destino" 1945
Otra Voz
Durante tiempo y tiempo,
mirando a las estrellas, entre dulces muchachas,
flores azules, pájaros de colores,
y otras circunstancias así de tiernas y conmovedoras,
el poeta fue un erguido girasol celeste,
deslumbrado en el vivo resplandor
de la lejana e impasible belleza.
Un Deber de Alegría
¿Yo fui triste?
En la noche
siento que avanza el mundo como el amor de un
cuerpo,
como la pobre vida, combatida y cansada,
aún encuentra en la noche la ceguedad del cuerpo,
la ternura del cuerpo
queriéndose, buscando
en quién querer, con manos
deslumbradas y humanas.
Todavía, mientras dura la noche,
mientras la soledad, tan tuya,
y la inmensa tristeza, sedienta y sin sosiego
de los que multiplican tu soledad en mundo
funden -Eugenio, España- una tiniebla sola,
todavía
algo queda en el alma, y si aprietas los ojos
por despertar, por no creer la sombra,
aún fragmentos de aurora la sangre te daría.
Cuando la pobre gente de nuestro pueblo llega
del sudor y del polvo, del trabajo vendido
con el alma cerrada, cuando
llega y encuentra el día que se acaba temblando
en la lumbre cocida y alimenticia, llega
y cae, la pobre gente oscura,
derribada en las sillas; y encuentra la sonrisa
todavía, la hermosa, prodigiosa sonrisa
-si hay algo prodigioso- del viviente que tiene
aún no lo necesario;
entonces, duramente,
algo en mí se incorpora, y siento, sin remedio,
un deber de alegría.
No hay fatiga. Nosotros
excedemos el tiempo. La estatua congelada
detenida en las calles, nosotros estrechamos
su mano y la fundimos.
Ellos, ellos,
quienes casi no viven, y esperan, me lo dicen,
y yo puedo escucharlo.
Nunca sueña quien ama, nunca
está solo. La pujanza es idéntica.
De la rosa ofrecida
al amor, a la piedra
fijada con amor, a las balas
hundidas y enseñadas
por amor, todo avanza
y edifica. ¡Despierta!
Y enemigo, expulsado de la tristeza, siento
cómo la aurora iza su bandera rociada.
El Amor Que Lucha
Hacia días hermosos voy contigo, llevado
por tus ojos desnudos, por tu voz sin palabras.
( Ojos hondos que guardan las auroras del mundo,
tibia voz de caricia, penetrada y callada...)
Se abren lentas las puertas del ensueño lejano...
Ya estamos en el tiempo que quizá no tuvimos;
somos ya de la infancia que la tierra florece...
La esperanza indefensa da fe del paraíso.
No huir, ¡ir hacia adentro! Hemos vuelto a la vida..
Sólo ser; sólo, siempre, penetrar en el alma.
Y sentir que palpita, desolada y remota,
en el mundo en tinieblas, una estrella que ama.
...Mas quien vive en ti, odia, catedral de mendigos;
¡el amor rompe a tajos las murallas del miedo,
y endurecido en ira desprecia, sobrepasa
al ser feliz, desea, quiere acercar su reino!
(Si el amor más precioso terminara en sí mismo,
¡oh qué joya de escarnio frente a aquellos que sufren!
Pero cuando volvemos de la dicha sin tiempo,
hay un luchador grave en cada amante dulce.)
Honda Es La Herida
Honda es la herida del amor al verte
en mis ojos mortales reflejada;
pero la daga más apasionada
la hunde el recuerdo, España: poseerte
es mirarte en el alma, hecha ya suerte
entrañada y total frente a la nada;
pues en ti está mi vida sustentada,
y en ti mi sangre ha de vencer la muerte.
En el recuerdo y en el pensamiento
cumpliendo voy mi vida y tu memoria.
¡Roca inmortal, límite al mar y al viento:
hecha mi sangre verbo de tu gloria,
arrástreme tu cauce violento
hasta fundir mi sino con tu Historia!