Gioconda Belli

Resultados 1 - 20 de aproximadamente 64 de Gioconda Belli

Amor en dos tiempos


Mi pedazo de dulce de alfajor de almendra 
mi pájaro carpintero serpiente emplumada 
colibrí picoteando mi flor bebiendo mi miel 
sorbiendo mi azúcar tocándome la tierra 
el anturio la cueva la mansión de los atardeceres 
el trueno de los mares barco de vela 
legión de pájaros gaviota rasante níspero dulce 
palmera naciéndome playas en las piernas 
alto cocotero tembloroso obelisco de mi perdición 
tótem de mis tabúes laurel sauce llorón 
espuma contra mi piel lluvia manantial 
cascada en mi cauce celo de mis andares 
luz de tus ojos brisa sobre mis pechos 
venado juguetón de mi selva de madreselva y musgo 
centinela de mi risa guardián de los latidos 
castañuela cencerro gozo de mi cielo rosado 
de carne de mujer mi hombre vos único talismán 
embrujo de mis pétalos desérticos vení otra vez 
llename pegame contra tu puerto de olas roncas 
llename de tu blanca ternura silenciame los gritos 
dejame desparramada mujer. 
 
II 
Campanas sonidos ulular de sirenas 
suelto las riendas galopo carcajadas 
pongo fuera de juego las murallas 
los diques caen hechos pedazos salto verde 
la esperanza el cielo azul sonoros horizontes 
que abren vientos para dejarme pasar: 
«Abran paso a la mujer que no temió las mareas del /
amor
ni los huracanes del desprecio» 
 
Venció el vino añejo el tinto el blanco 
salieron brotaron las uvas con su piel suave 
redondez de tus dedos llovés sobre mí 
lavás tristeza reconstruís faros bibliotecas 
de viejos libros con hermosas imágenes 
me devolvés el gato risón Alicia el conejo 
el sombrero loco los enanos de Blancanieves 
el lodo entre los dedos el hálito de infancia 
estás en la centella en la ventana desde donde 
nace el árbol trompo tacitas te quiero te toco 
te descubro caballo gato luciérnaga pipilacha 
hombre desnudo diáfano tambor trompeta 
hago música 
bailo taconeo me desnudo te envuelvo 
me envuelves 
besos besos besos besos besos besos besos besos 
silencio sueño. 
 

Gioconda Belli

Anda, mi amor, yo voy también aunque me quede lejos y estaré allí con vos en el viento y la lluvia, en el calor del medio día, en las tapitas de dulce, en las chicharras y en los grillos, en el peligro, allí por donde andes, andaré yo, entre la tierra y tu sombra habrá una mujer acariciándote.

Gioconda Belli

Abandonados

Tocamos la noche con las manos 
escurriéndonos la oscuridad entre los dedos, 
sobándola como la piel de una oveja negra. 
 
Nos hemos abandonado al desamor, 
al desgano de vivir colectando horas en el vacío, 
en los días que se dejan pasar y se vuelven a /
repetir,
intrascendentes, 
sin huellas, ni sol, ni explosiones radiantes de /
claridad.
 
Nos hemos abandonado dolorosamente a la soledad, 
sintiendo la necesidad del amor por debajo de las /
uñas,
el hueco de un sacabocados en el pecho, 
el recuerdo y el ruido como dentro de un caracol 
que ha vivido ya demasiado en una pecera de ciudad 
y apenas si lleva el eco del mar en su laberinto /
de concha.
 
¿Cómo volver a recapturar el tiempo? 
 
¿Interponerle el cuerpo fuerte del deseo y la /
angustia,
hacerlo retroceder acobardado 
por nuestra inquebrantable decisión? 
 
Pero... quién sabe si podremos recapturar el /
momento
que perdimos. 
 
Nadie puede predecir el pasado 
cuando ya quizás no somos los mismos, 
cuando ya quizás hemos olvidado 
el nombre de la calle 
donde 
alguna vez 
pudimos 
encontrarnos. 

Gioconda Belli

Conjuros de la memoria

No sé si un sol desmedido y burlón 
me atravesará de punta a punta 
cuando salten de mi pecho todos los gritos /
guardados
cuando se rompan las oscuridades 
de mi perfecta catedral secreta 
con el sostenido sonido del órgano medieval 
ululando su voz de parto, 
su alarido de queja y de tristeza. 
 
Estoy como nací-desnuda- 
mojada de lágrimas con el pelo chorreándome /
nostalgia
y un cansancio vetusto acomodado en mis huesos 
y mientras me dejo ir en el humo, 
viene su mano y me sostiene 
y me levanta y me hace tronar de júbilo, 
me zarandea las ganas de vivir, 
me dice verde con ojos de monte 
azul con el pelo espumoso de mar 
estrella con las uñas brillantes 
viento y sopla mi angustia y la desperdiga 
y me hace nadar en el aire, retozar en los /
arroyos,
romper los relojes del tiempo, 
borrar la huella de mis pequeños pecados 
vueltos trascendentes por los oscuros designios 
de su otro yo iracundo hermano de este duende /
iluminado
que me persigue en el sueño 
en el que corro huyendo, siguiéndole yo a mi vez 
juego de gato y ratón hasta que viene la lluvia 
y la risa y volvemos a ser amantes helechos hojas /
atrapadas
en las correntadas de mayo y todo vuelve a empezar 
cuando cruzamos lavados y nuevos 
el umbral del paraíso. 

Gioconda Belli

Mi piel está grabada con tus señales y no hay viento ni agua que pueda lavarlas sin dejar mi nombre borroso, desteñido y sin sonrisa.

Gioconda Belli

Amo A Los Hombres Y Les Canto

Amo a los hombres
y les canto.

Amo a los jóvenes
desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de madrugada a construir ciudades.
Amo a los carpinteros
que reconocen a la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.
Amo a los campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el vientre de la tierra y la poseen.
Amo, compasiva y tristemente, a los complicados
hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos, los
sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.

Amo a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial importancia.
que conocen la trascendencia de una conversación
tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con la frente alta.
Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que no se nos olvide.
Amo a los solitarios pensadores
los que existen más allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las respuestas.

A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano
donde todo el misterio se resuelve en espuma...

Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora,
a la que llora por un niño que se ha dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que camina con el peso de un ser en su vientre
enorme y fecundo.
A todas las amo y me felicito por ser de su especie.
Me felicito por estar con hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y fértil,
ondulante y cubierta de hierba.
Me felicito por ser y por haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados, alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.
Me felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia,
la importancia que tiene tu existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.
Porque he comprendido mi misión de ser creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a los incrédulos, a los desamparados, a los que han
perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
Quiero atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra marcha incontenible.
Quiero llevaros a recorrer los caminos
por donde avanza -inexorable- la Historia.
Porque los amo quiero llevarlos de frente a la nueva mañana,
mañana lavada de pesar que habremos construido todos.

Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso, amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
para que este amor tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones, de los huracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos
como volcanes...

Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!

Gioconda Belli

Y Dios Me Hizo Mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Gioconda Belli

Recorriéndote

Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.

Gioconda Belli

Tu cuerpo es el paraíso perdido del que nunca jamás ningún Dios podrá expulsarme.

Gioconda Belli

El sueño pesa sobre mis hombros y me acerca de nuevo a vos, al huequito de tu brazo, a tu respiración, a una continuación infinita de la batalla de sábanas y almohadas que empezamos y que pone risa y energía a nuestro cansancio.

Gioconda Belli

El amor de mi hombre no conocerá el miedo a la entrega, ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento en una plaza llena de multitudes. Podrá gritar -te quiero- o hacer rótulos en lo alto de los edificios proclamando su derecho a sentir el más hermoso y humano de los sentimientos.

Gioconda Belli

Aquí estoy, desnuda, sobre las sábanas solitarias de esta cama donde te deseo.

Gioconda Belli

Te Veo Como Un Temblor...

Te veo como un temblor
en el agua.
Te vas,
te venís,
y dejás anillos en mi imaginación.

Cuando estoy con vos
quisiera tener varios yo,
invadir el aire que respiras,
transformarme en un amor caliente
para que me sudés
y poder entrar y salir de vos.

Acariciarte cerebralmente
o meterme en tu corazón y explotar
con cada uno de tus latidos.

Sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo
y cuidar de tus hojas y tu tronco,
darte mi sangre de savia
y convertirme en tierra para vos.

Siento un aliento cosquilloso
cuando estamos juntos,
quisiera convertirme en risa,
llena de gozo,
retozar en playas de ternuras
recién descubiertas,
pero que siempre presentí,
amarte, amarte
hasta que todo se nos olvide
y no sepamos quién es quién.

Gioconda Belli

Como Tinaja

En los días buenos,
de lluvia,
los días en que nos quisimos
totalmente,
en que nos fuimos abriendo
el uno al otro
como cuevas secretas;
en esos días, amor
mi cuerpo como tinaja
recogió toda el agua tierna
que derramaste sobre mí
y ahora,
en estos días secos
en que tu ausencia duele
y agrieta la piel,
el agua sale de mis ojos
llena de tu recuerdo
a refrescar la aridez de mi cuerpo
tan vacío y tan lleno de vos.

Gioconda Belli

La solidaridad es la ternura de los pueblos.

Gioconda Belli

Ya se unió la Historia al paso triunfal de los guerreros y yo invento palabras con que cantar, nuevas formas de amar, vuelvo a ser, soy otra vez, por fin otra vez, soy.

Gioconda Belli

Y...

Y va naciendo
el pretexto para decir tu nombre
en la noche remojada,
tierna y húmeda
como la flor de grandes ojos abiertos
y pétalos palpitantes
en la que me envolví
en lo más profundo del sueño,
para dibujar tu nombre
en todos los rincones
donde he vivido y viviré
hasta que me lleve el viento,
como semilla,
a dar flor a tierras desconocidas
y me encarne quizás en la niña
que oirá historias
en las tardes iguales de Nicaragua
con el olor a tierra naciendo,
urdiendo en sus entrañas
la vida verde del trópico lujurioso
como yo, como vos,
como las hojas en que nos envolvimos
cuando nos arrojaron del paraíso.

Gioconda Belli

Ahora Vamos Envueltos En Consignas Hermosas

Las mañanas cambiaron su signo conocido.
Ahora el agua, su tibieza, su magia soñolienta
es diferente.
Ahora oigo desde que mi piel conoce que es de día,
cantos de tiempos clandestinos
sonando audaces, altos desde la mesa de noche
y me levanto y salgo y veo "compas" atareados
lustrando sus botas o alistándose para el día
bajo el sol.
Ya no hay oscuridad, ni barricadas,
ni abuso del espejo retrovisor
para ver si me siguen.
Ahora mi aire de siempre es mas mi aire
y este olor a tierra mojada y los lago s allá
y las montañas
pareciera que han vuelto a posarse en su lugar,
a enraizarse, a sembrarse de nuevo.
Ya no huele a quemado,
y no es la muerte una conocida presencia
esperando a la vuelta de cualquier esquina.
He recuperado mis flores amarillas
y estos malinches de mayo son mas rojos
y se desparraman de gozo
reventados contra el rojinegro de las banderas.

Ahora vamos envueltos en consignas hermosas,
desafiando pobrezas,
esgrimiendo voluntades contra malos augurios
y esta sonrisa cubre el horizonte,
se grita en valles y lagunas,
lava lagrimas y se protege con nuevos fusiles.
Ya se unió la Historia al paso triunfal de los guerreros
y yo invento palabras con que cantar,
nuevas formas de amar,
vuelvo a ser,
soy otra vez,
por fin otra vez,
soy.

Gioconda Belli

Mi mente esta covada para recibirte, para pensar tus ideas y darte a pensar las mías; te siento, mi compañero, hermoso juntos somos completos y nos miramos con orgullo conociendo nuestras diferencias sabiéndonos mujer y hombre y apreciando la disimilitud de nuestros cuerpos.

Gioconda Belli

Eva Advierte Sobre Las Manzanas

"Allí te quedo en el pecho,
por muchos años me goces"
C.M.R.

Con poderes de Dios
-centauro omnipotente-
me sacaste de la costilla curva de mi mundo
lanzándome a buscar tu prometida tierra,
la primera estación del paraíso.

Todo dejé atrás.
No oí lamentos, ni recomendaciones
porque en todo el Universo de mi ceguera
solo vos brillabas
recortado sol en la oscuridad.

Y así,
Eva de nuevo,
comí la manzana;
quise construir casa y que la habitáramos,
tener hijos para multiplicar nuestro estrenado territorio.
Pero, después,
sólo estuvieron en vos
las cacerías, los leones,
el elogio a la soledad
y el hosco despertar.

Para mí solamente los regresos de prisa,
tu goce de mi cuerpo,
el descargue repentino de ternura
y luego,
una y otra vez, la huida
tijereteando mi sueño,
llenando de lágrimas la copa de miel
tenazmente ofrecida.

Me desgasté como piedra de río.
Tantas veces pasaste por encima de mis murmullos,
de mis gritos,
abandonándome en la selva de tus confusiones
sin lámpara, ni piedras para hacer fuego y calentarme,
o adivinar el rumbo de tu sombra.

Por eso un día,
vi por última vez
tu figura recostada en el rojo fondo de la habitación
donde conocí más furia que ternura
y te dije adiós
desde el caliente fondo de mis entrañas,
desde el río de lava de mi corazón.

No me llevé nada
porque nada de lo tuyo me pertenecía
-nunca me hiciste dueña de tus cosas-
y saliste de mí
como salen -de pronto-
desparramados, tristes,
los árboles convertidos en trozas,
muertos ya,
pulpa para el recuerdo,
material para entretejer versos.

Fuiste mi Dios
y como Adán, también
me preñaste de frutas y malinches,
de poemas y cogollos,
racimos de inexplicables desconciertos.

Para nunca jamás
esta Eva verá espejismos de paraíso
o morderá manzanas dulces y peligrosas,
orgullosas,
soberbias,
inadecuadas
para el amor.

Gioconda Belli
1 2 3 4   Seguinte