Joan Brossa
Pasa Un Obrero...
Pasa un obrero con el paquete del almuerzo.
Hay un pobre sentado en el suelo.
Dos industriales toman café
y reflexionan sobre el comercio.
El Estado es una gran palabra.
Versión de Andrés Sánchez Robayna
Noche
Más allá del espacio que percibimos brilla una multitud innumerable
de mundos semejantes al nuestro.
Todos giran y se mueven.
Treinta y siete millones de tierras. Nueve millones quinientas mil lunas.
Pienso con espanto en distancias incalculables
y en millones de globos muertos
alrededor de soles ya apagados.
Medito sobre el orgullo.
¿Qué ocurre más allá de los astros?
El suelo está regado.
Una mujer da un beso a una niña.
Hoy la cena ha sido espléndida.
Se oye tocar un manubrio.
Hay un espejo colgado en la pared.
Entrad, entrad, la puerta está abierta.
Afuera pasan un pastor y un trapero.
Versión de Andrés Sánchez Robayna
Bailarina Al Norte
I
Fondo negro. Pas seul de unas piernas que se destacan en blanco.
II
Cortina azul.
III
Fondo negro. Gran hoguera en mitad del escenario.
Telón
Versión de Andrés Sánchez Robayna
Fin Del Ciclo
Las hojas caídas obstruyen el camino.
Imagino que soy el que no soy.
Aquí me estoy muy quieto.
Procuro no moverme
y ocupar el mínimo espacio.
Como si ya no estuviese allí.
El silencio es el original,
las palabras son la copia.
Versión de Carlos Vitale
Sensatez Y Cabellera
Nadie es el autor
de este Poema mío.
Vladimir Mayakovski
Nacer, morir, vejez y juventud,
roca, esperanza, confianza, nostalgia,
boca callada, espíritu sonoro,
hileras de franqueza y falsedad.
Hacer que en la tristeza caigan copos,
así la vastedad del amor mío
contra el vacío inmenso del furor
del mar bramando, al sol sal encendida.
El paso errado se burla del recto,
y el alborozo y el dolor de ser
el confundir sus ráfagas no excluyen.
El buey que llora y labra y el buey de oro,
el pozo primordial, lo revelado,
todo es fulgor del nacer al morir.
Versión de Alfonso Alegre y Victoria Padilla
Pim-pam-pum
I
Desde la oscuridad absoluta, el escenario se ilumina. Fondo azul.
Hacia la derecha, una mesilla de noche. En el centro del escenario,
un personaje alto, envarado, de frac, con sombrero de copa
y guantes en la mano. Pausa. Entra por la derecha, envarada, una
señora en vestido de noche oscuro; saca del cajón de la mesilla
una banda roja y se la coloca al gran dignatario con toda solemnidad.
La gran dignataria, igualmente envarada, sale. El personaje continúa inmóvil.
La luz va adquiriendo un tono rojizo hasta el color rojo intenso; después
se va apagando gradualmente hasta quedar todo a oscuras.
II
El escenario se ilumina. Fondo amarillo. Inmóvil en medio del escenario,
un clérigo con sombrero de canal y manteo. De pronto se desnuda lentamente.
Es una mujer, una stripteaser que ejecuta su número de una forma rutinaria,
más bien vulgar, ondulando los lados. Debajo de la sotana lleva ropa interior
femenina de color violeta, con las medias negras. Cuando se ha desnudado
completamente, permanece inmóvil y se apagan las luces.
III
El escenario se ilumina. Fondo rosado. En el centro, un militar inmóvil
con el pecho lleno de cruces y medallas y la mano izquierda apoyada en el sable.
Pausa. De súbito, las condecoraciones se le van cayendo una a una.
Al caer la última, baja el
Telón
Versión de Juan Manuel Gisbert
Vida Mía
Cuando hablo, el amor llevo en la saliva.
Me exalta donde yo no soy tu vida;
Te exalta donde tú no eres mi vida:
Fuego en el prisma
Tal fuerza oscura nace del instinto;
Mas veo el fuego y siento en vena viva.
Ya el intercambio de cabello y hierba
Me hinche de frutos.
¿Y qué húmedo teatro en el rocío
Acerca a la honda sombra tu figura,
Que de la más remota lejanía,
Mezclo los hitos?
Tumba las tristes voces, hembra azul;
Veo quemando el fuego toscos prismas,
En rústica manzana oigo ebrias voces;
Vivo cuando hablan.
Con ambas manos al rayar el alba,
Balbuceo por vías obstruidas
Mientras abro entre fuego inmensas puertas,
Reflejo de otras.
Tu mirada perfuma a quien te mira,
De amor impregno tu única imagen,
Y la palabra, viva a flor de labios,
Es primitiva.
Pierdo el límite, cal iluminada;
y provoco naufragios entre plantas.
Nada de lo que miro es con mis ojos:
Fuerza ni esfuerzo.
Hablas, y el cielo es un lugar salvaje,
Desde el nacer del sol hasta la puesta.
Nieblas y nieblas. Tus ojos no miran
Al mirar, nada.
Mas la ola estalla y el ojo se encanta
Del barco que es el cuerpo en las personas
Y, entre las peñas de una playa oculta,
Brilla el crepúsculo.
Versión de Alfonso Alegre y Victoria Padilla