Jorge Riechmann

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Tres Veces Despertar

1
Por las mañanas, recién despierto,
cuando ya una luz pálida de no haber desayunado
aventura su inmensa curiosidad en la alcoba
y tú eres aún sobre todo
ovillo de calor, desnudo imán de sueños,
me permito
un minuto para adorarte.

2
A veces, al despertar a tu lado
estoy seguro de que ciertos "buenos días"
podrian curar el cáncer, la ceguera y la lepra.
Y deseo entonces desesperadamente
ser también yo capaz de saludar así
a lo recién creado.

3
Entreabre el alba ventanas en la piel.

Yazgo junto a ti. Sé que no conseguiré recordar lo que hemos
soñado esta noche. No ,hay calor comparable al de un cuerpo
vivo.

Pero el ojo, el ojo desecándose querría... una niebla carmesí,
una lluvia de oro, al menos un avivamiento de la noche...
querría poder olvidar los poros de sarcástica nitidez
que perforan a todos y cada uno de los seres de este mundo.

El sol arranca de los cuerpos una música sin cobijo. Duermes,
pero asediada por la claridad. Yo ya sé que la prueba de este día
consistirá en engolfarse

en la estremecida vigilia de la realidad.

Jorge Riechmann

Encuentro Con El Ángel

Hoy he conocido al ángel.

Ganas dan de llorar. Qué terca criaturilla miserable, desa-
seada, vanidosa. Qué plumas grasientas de supervivien-
te de marea negra, qué calva vergonzante cubierta de
pelo ralo y engominado, qué barriguilla lúbrica, qué
falta de dignidad, qué intentos de cohecho, qué grose-
ras familiaridades, qué burdo narcisismo y qué tartajeo.
Por no hablar de la ridícula estatura de corneja...

No me cautivan las aventuras de la humillación. Me negué
a decirle mi nombre.

De "Cuaderno de Berlín"

Jorge Riechmann

Poema Del Encuentro

"De ti me fío, redondo
seguro azar"
Pedro Salinas

Te encontraré
postrada tras una revuelta del otoño
-estandartes de sol helado,
barricadas de hojas secas-
o no te encontraré.

Te encontraré
desnuda frente al mar en el rellano
de una escalera oscura
-y no me atreveré a rozar tu cuerpo-
o no te encontraré.

Te encontraé
sucia de soledad o de heroísmo,
acribillada de pájaros sin vuelo,
inmensa e íntima cual cielo sin heridas.
Te encontraré.

Jorge Riechmann

Figuración de Ti

"Te amo. Pero ya no sé
lo que es eso, un amor"
Heiner Müller

La eternidad dura unos tres años, de los diecisiete a los veinte
aproximadamente.

Tiene el espesor agrio de una lámina de vino tinto.

Tiene la consistencia de tus muslos de estío bajo la falda tenue y
larguísima que nunca te levantaré.

La eternidad. Un lugar sin sabiduría y anterior nostalgia de ella.

Hay luz filtrada por ramas de un verde restallante en el Parque
del Buen Retiro, luz adolescente que se quiebra inverosímilmente
sobre tu blusa.

Casi me da pudor decir que sólo te acaricio los pechos una vez.
Frescas ensoñaciones interminables en el jardín de la torpeza.

Las puertas sí que son algo irreversible: duros núcleos expectantes
aristas insomnes, una condensación exagerada de tragedia.

Pero la memoria ha desaprendido el llanto de manera radical.

Me besas tú por primera vez, en un teatro donde no hay otra cosa
-espectadores incluidos, desde luego- que terciopelo rojo.

Para besar tienes que sumergirte. (Yo no lo comprendo.)

Una banda negra alrededor de tu cuello. En esa tibia frontera sí
que podría abrevar el crepúsculo. En lugar de eso se te echa en
el regazo y, como si nunca hubiera hecho otra cosa, no para un
instante de ronronear.

Creo que puedo enseñarte algo y me engaño. Crees que puedes
enseñarme algo y te engañas.

Celos atroces, obscenos, inconfesables, de los chicos del laboratorio
de fotografía.

Para lograr conciliar el sueño tengo que masturbamte (de fijo más de
mil veces) pensando en ti.

La eternidad se adensa en la sala del Cinestudio Griffith de San Pol de Mar.

La eternidad no acaba de tomarme en serio.

Hace bien en no hacerlo.

Jorge Riechmann

Elogio de La Superviviente

En tu cuerpo, escrito:
la infancia como una enorme sala húmeda
hospitales donde trasplantan cicatrices
una temible aguja que se abreva en tu piel
terror a cruzar puentes sobre las autopistas
diez años de indagación sobre el suicidio
desamor golpes y la más extrema
clandestinidad del llanto.

El cuerpo del deseo es el del sufrimiento.
Ahora yo también escribo en él
con esperma y con besos, arrastrando las sílabas.

Francamente: eres tan hermosa
que todas las mujeres son hermosas.
Nace mi lengua en tu boca de tabaco tibio.
Pero esto te lo diré de otra manera:
no hay más derrota que el morir, la muerte
de un solo trago o a sorbos. Y hasta entonces
sigue tu música y la lucha sigue.

Jorge Riechmann

Alianza

Un bosque entero ha regresado desde tu nuca
esta noche, lo he visto conciliador,
amigo, decididamente a favor
de lo posible, tú dormías
tras la severidad de las últimas jornadas.
No quise despertarte, me refresqué en tu pulso.
Las señales parecen indudables:
podemos auxiliar a tiempo, juntos,
al número dos de dios, al tres, a otros acaso.
Ahora es sazón de no olvidar los sueños.

2
Hueles
tan bien. Hay miel como hay sudor,
hay trigo y tierra. Yo lo veo y lo oigo resonante,
tan bien. Sabes tan bien gozar.
Preservas tanto instinto de la flor a la fruta.
Yo lo veo y lo oigo y te respiro y otra vez
te tomo abierta en nuestra mesa de viento.

3
He soñado
la salvación de tu sudor

defiendo
nuestra intimidad común
ante los estragos de este cielo sangriento

recibo
en la libertad de tu cuerpo marcado
la ligera prosodia del placer

he soñado
la salvación de tu sudor.

4
Luego en el filo de la sombra
bailas
iluminada por blanca lentitud, bellísima,
tajantemente viva, sabiendo en todos los poros
y en todas las arrugas del placer,
que es bien cierta la muerte, mas sólo empieza mañana.

Jorge Riechmann

Huella de Un Cuerpo

Ausencia
exactamente con tus ojos.

Ausencia diestra
como la miel de tus manos.

Ausencia dulce cual si tus tobillos
me acariciasen debajo de la mesa.

Ausencia
pletórica de ti,
desgarrada, estremecida de ti.
Ausencia indistinguible de tu realidad.

Jorge Riechmann

Alabanza Tuya

Es malo que haya
gente imprescindible.
No es muy buena
la gente que a sabiendas
se vuelve imprescindible.
La fruta
ha de continuar atesorando sol,
no ha de menguar la fuerza del torrente
si por acaso un día
se pierden unos labios.

Pero
-y este pero me abrasa-
no puedo
decir que sea malo
que tú seas imprescindible.

Jorge Riechmann

Acción de Gracias

El valor del amor no está en el amor
sino en tu alegría.
El valor de la lucha política no está en ella
sino en las cerezas, las muchachas y la buena atención sanitaria.
El valor de la libertad no está en la libertad
sino en la igualdad.
El valor de la igualdad no está en la igualdad
sino en la fraternidad.
Seguro que ya sospechas dónde reside
el valor de la fraternidad y no te engañas:
en la libertad.
El valor de tu alegría tampoco está en sí mismo
sino en el gozoso desorden
con que construimos horas de libertad
de cerezas de igualdad de lucha política de amor.

Pero estas cosas las sé
porque tú existes.

Jorge Riechmann

Brassai En El Reina Sofía

¿Pero habría aún un lugar al que huir, veleidades de celebración, una
rueda sin eje? La gran lápida vertical cubierta de musgo nos cierra el paso. Hay inercias más destructivas que ningún golpe, que ninguna inmediatez. La cabeza de muerto de Brassai emerge de las sombras: su teatro carnal alimentó horas de agonía. «Los objetos me han ido elevando hasta su altura», le había dicho Goethe, animal prójimo, y él se lo repitió al anciano de Weimar a los ochenta y tres años. La cabeza de muerto del surrealismo
emerge, llamarada de un deseo desarbolado, retráctil, incandescente; timón de una belleza involuntaria, radicalmente curada de nostalgia. Qué envergadura la de este jinete escamoso. El tren avanza hacia atrás, desde el último vagón me gritan: las cosas pueden hacerse de otra forma. La vida puede enlazarse con otra libertad.

De "Desandar lo andado"

Jorge Riechmann