José Cadalso

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Todo Lo Muda El Tiempo, Filis Mía...

Todo lo muda el tiempo, Filis mía,
todo cede al rigor de sus guadañas;
ya transforma los valles en montañas,
y apone un campo donde un mar había.

Él muda en noche opaca el claro día,
en fábulas pueriles las hazañas,
alcázares soberbios las cabañas,
y el juvenil ardor en vejez fría.

Doma el tiempo al caballo desbocado,
detiene al mar y viento enfurecido,
postra al lén y rinde al bravo toro.

Solo una cosa al tiempo denodado
ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
y es el constante amor con que te adoro.

José Cadalso

No Basta Que En Su Cueva Se Encadene...

No basta que en su cueva se encadene
el uno y otro proceloso viento,
ni que Neptuno mande a su elemento
con el tridente azul que se serene,

ni que Amaltea el fértil campo llene
de fruta y flor, ni que con nuevo aliento
al eco den las aves dulce acento,
ni que el arroyo desatado suene.

En vano anuncias, verde primavera,
tu vuelta de los hombres deseada,
triunfante del invierno triste y frío.

Muerta Filis, el orbe nada espera,
sino niebla espantosa, noche helada,
sombras y sustos como el pecho mío.

José Cadalso

Letrilla Satírica

Que dé la viuda un gemido
por la muerte del marido,
ya lo veo;

pero que ella no se ría
si otro se ofrece en el día,
no lo creo.

Que Cloris me diga a mí:
«Sólo he de quererte a ti»,
ya lo veo;

pero que siquiera a ciento
no haga el mismo cumplimiento,
no lo creo.

Que los maridos celosos,
sean más guardias que esposos,
ya lo veo;

pero que estén las malvadas,
por más guardias, más guardadas,
no lo creo.

Que al ver de la boda el traje,
la doncella el rostro baje,
ya lo veo;

pero que al mismo momento
no levante el pensamiento,
no lo creo.

Que Celia tome el marido
por sus padres escogido,
ya lo veo;

pero que en el mismo instante
ella no escoja el amante,
no lo creo.

Que se ponga con primor
Flora en el pecho una flor,
ya lo veo;

pero que astucia no sea
para que otra flor se vea,
no lo creo.

Que en el templo de Cupido
el incienso es permitido,
ya lo veo;

pero que el incienso baste,
sin que algún oro se gaste,
no lo creo.

Que el marido a su mujer
permita todo placer,
ya lo veo;

pero que tan ciego sea,
que lo que vemos no vea,
no lo creo.

Que al marido de su madre
todo niño llame padre,
ya lo veo;

pero que él, por más cariño,
pueda llamar hijo al niño,
no lo creo.

Que Quevedo criticó
con más sátira que yo,
ya lo veo;

pero que mi musa calle
porque más materia no halle,
no lo creo.

José Cadalso