Juan Sánchez Peláez
Poema Ii
La selva roja murmura, murmura, y de repente es toda la realidad del corazón mi selva roja. Y ella que es un péndulo que oscila en el gemido, mi selva roja, y ella que exclama con saltos leves de dicha, mi selva roja, en la ruta que conduce hacia ese hondo bosque fuera de la tierra anónima nos deja estar en ninguna parte y olvidarnos, nos deja no resbalar en la cosa que se evapora, nos deja la mediúmnica voz de nuestra vertidumbre, y en paz, sin magnos errores, mi selva roja.
De "Rasgos comunes" 1975
Obra de Vigilancia
(Paso la mano sobre el olor de tu vestido),
Tu guedeja, tu pendón lunar;
Más allá, más acá,
(Paso la mano sobre húmedos rastros)
Aclara la niebla del pecho
un arco iris.
Echa tierra a la tierra de ilusión.
Aquí es inoficioso soñar .
De púrpura es la casa a cuestas en el viento
de largos ramajes.
De "Filiación oscura" 1966
En La Noche Dúctil...
En la noche dúctil con un gladiolo en tu casa
En la noche, escucha,
Oh frágil vanidad en los brazos,
Y tu sueño pesa viviente como ráfaga del río.
Más allá en los vergeles
Prueba, verifica mi debilidad y mi fuerza.
Mi camino que ignoro hasta encontrar tu paso, tu huella
Tibia en la tierra,
El nacimiento del nuevo día.
De "Animal de costumbre" 1959
Persistencia
A Ella, (y en realidad sin ningún límite).Con holgura y
placer.
A Ella, la víbora y la abeja: La desnudez preciosa.
A Ella, mi transparencia, mi incoherente arrullo, el rumor
que sube en las raíces de mi lengua.
A Ella, cuando regreso de las inmensas naves que hay en
el cuerpo huraño con un sol inmóvil.
A Ella, mi ritual de beber en su seno porque quiero
comenzar algo, en alguna dirección.
A Ella, que abre el sobre de mis amuletos.
A Ella, que en la balanza anónima de la memoria y en las
horas finales prolonga mi presencia real y mi presencia
ilusoria sobre la tierra.
A Ella, que con una frase insomne divaga en el umbral
de mis lámparas.
A Ella, a causa de un vocablo que me falta y a la vez
usufructo de un breve viaje que podría revelarme.
-Duerme, pero la obra humana es el instante; al dormir
se cierra con furor la gran jaula.
-Despierta, pero esboza en las márgenes de tus cejas el
oro próximo del sueño.
-Revuélcate en la parálisis fuera del yo de los ciegos
viajeros.
¡Adónde mi ninguna faz con años!
A Ella, los abismos que hay de mi amor a mi muerte
cuando caiga a plomo sobre la tierra y en un lugar
de señales desaparezca el sitio de mi ánima sola.
De "Filiación oscura" 1966
Aparición
Aclimata el carruaje dichoso de tus senos, la tierra de mis
primeras voces,
sus heridas abiertas, sus flagelados gavilanes en la
intemperie nevada.
Una mujer llamada Blanca manipula la jaula escarlata del
misterio
Sobrepasa el límite, una oscura potencia.
¿Grita, imagina, siente?
Teje una cáscara densa de brisa matinal, alivia piedras
decrépitas.
La joven pálida me conduce a un jardín en ruinas.
La veo desnuda, bajo un gran suburbio de palmeras,
exportando el oro del crepúsculo hacia un milagroso país.
Ha regresado la hora silenciosa.
Me circundan las pesadas bahías de tus ojos.
Tú tienes que diseminarte, cuerpo y alma,
en la heredad meliflua de las rosas.
A mi lado pasan lavanderas con sus blancas túnicas, con sus
cofias de inocencia
y las manos entregadas a un rito.
De "Elena y los elementos" 1951
Yo No Seré
Yo no seré explícito o enigmático o tú no serás la rosa
en fuga o la piedra dura qué locura
del hoy de mi ayer que en mi mañana a menudo hora tras
hora o sea esta noche
se apagan los miembros del diamante en los ojos de mi
amante
topo una gruta impenetrable
abro mi abecedario ovillo para que en mi ademán se
filtre la luz
y cual nos viéramos mi dama y yo yendo de paseo
buzos reclusos qué ebriedad qué risa
y la arena frágil del corazón
la redonda manzana en el agua de nuestros labios.
De "Rasgos comunes" 1975
Posesión
los témpanos engullen gaviotas en mis caricias.
El mundo pesa inicuo y solemne en mis raíces.
Acepto tus manos, tu dicha, mi delirio.
Si vuelves tú, si sueñas, tu imagen en la noche
me reconocerá.
Te encamino al talud campanular de mis venas.
Mi sangre de magia fluye hacia ti, bajo la
profecía del alba.
De "Elena y los elementos" 1951