Leopoldo Marechal
La guerra ya no es un arte: es una demolición.
Leopoldo MarechalCanto de otras vidas
Silencio,
sangre de campanas muertas.
Llanto de las casas vacías
que imploran un retorno de niños...
Yo sé un canto sin nombre
que fructifica en el silencio.
Una canción de aquellas que soldaban tus párpados
cuando la lámpara florecía
en los aposentos mojados de sombra.
Entonces hubo dedos color de reloj
y un perfume de llantos antiguos en la ropa /
vetusta.
(Hay que tirar guijarros musicales
al fondo del silencio:
el silencio responde con su voz de agua muerta.)
¡Tus manos!
Veo tus manos desgarradas
en cinco tiras de cansancio.
¿En qué viejo episodio se gastaron tus dedos?
La vida fue un liviano cascabel en tus ropas
¡y has echado a rodar el juguete del mundo
yo no sé en qué mañana de libro con viñetas!
El cántaro vacío de tus ojos
ha mordido la fuente de algún sol en pañales...
(Todo está en el silencio
y en la fatiga de tus brazos.)
Una mañana tus ojos de Simbad arponearon el sol.
En madera profunda
tallaste el mascarón de un navío fantasma:
un mascarón de gestos petrificados
que mordió la carne frutal de aquel día sin /
nombre.
Entonces un mar sin leyendas
habló de tu origen a dioses color de esponja.
Y el viento no había pisoteado todas las /
distancias.
El viento niño rompió el juguete de tus Cantos
y hacía danzar en sus horcas
a los piratas de tu miedo...
¡Quién te dijo una noche que la muerte
sólo un tapiz de sueño era!
¡Quién te enseñó una noche de qué modo la vida
se acostaba en sus linos,
como tú, de pequeño,
cuando en los labios de tu madre
nacían llavines de música para tus ojos!
¡Quién te habló de la muerte
y de un retorno en caballos festivos!
(Yo sé un canto de abuelas;
el silencio responde...)
¡Tus pupilas
-amente fieles a la hoguera
que abrió incurables llagas en la noche de añil!
¡Qué vieron tus pupilas? ¿Qué vieron
la barba color hoja seca de los ancianos
t6rax de hombres adustos
hablaban un lenguaje aprendido en la boca del /
viento?
Una voz deshizo el collar de tu nombre,
una voz musical de nodriza recién castigada...
¡ Todo está en el silencio!
He ahí tus pasos amigos de una tierra sin edad.
Y la mujer a tu carne ceñida, igual que una ropa /
de llamas.
Y un amor traslúcido como el reír de los niños
que mataron pichones de alondra junto al Río Dios. /
Todo está en el silencio
y en la fatiga de tus brazos.
Has roto la ventana de un Olimpo sin risas
y salieron los dioses en pantuflas
esgrimiendo sus rayos de juguete...
¡De qué metal será la palabra
que infantilice los labios del mundo!
¡Qué harás con tus manos de cinco tiras
en el puente de las noches, cazador sin sueño!
Yen el oeste un pájaro se alza:
con el pico enhebrado de música
viene cosiendo el traje de una edad.
De Sophía
Entre los bailarines y su danza
la vi cruzar, a mediodía, el huerto,
sola como la voz en el desierto,
pura como la recta de una lanza.
Su idioma era una flor en la balanza:
justo en la cifra, en el regalo cierto;
y su hermosura un territorio abierto
a la segura bienaventuranza.
Nadie la vio llegar: entre violines
festejaban oscuros bailarines
la navidad del fuego y del retoño.
¡Ay, sólo yo la he visto a mediodía!
Desnuda estaba y al Pasar decía:
"Mi señor tiene Un prado sin otoño".
¿Y más allá?
Un extraño viajero musitaba en la noche:
-Yo escalaré la cima; profanarán mis huellas
la nieve que cien siglos dejaron al pasar
y en lo alto, cara a cara, miraré las estrellas...
-¿Y más allá?
-Romperé la maraña de los bosques añejos,
violaré con mis manos toda virginidad
y veré nuevos mundos sobre los mundos viejos.
-¿Y más allá?
-Lucharé contra todo lo imposible; mi grito
será luz en el hondo silencio secular
y venceré en la lucha, porque soy de granito.
-¿Y más allá?
-No habrá un palmo de mundo que yo ignore; mis /
ojos
bajarán al abismo, subirán al azul
y, como dos palancas, romperán los cerrojos
del libro del Destino que agobia mi testuz.
Soy una imagen vaga, la sombra de un deseo;
pero hallaré algún día mi oculto manantial...
¡Entonces seré el Hombre que soñó Prometeo!
-¿Y más allá?
*
Más allá, más allá. Y esa voz era fría
como un trozo de hielo.
¿Qué ha /
de ser más allá?
¡Pero el hombre, incansable, por la senda seguía
y su canto en las sombras era un himno inmortal!
Canción Para Que Una Mujer Madure
¡Fruto nuevo, amasijo de tierra y de agua!
Cristalizó en el gajo más curvado del mundo
la sal de tu ternura.
¡Afilando puñales de sed,
trenzando los cabellos de una esperanza niña,
desvaneciendo sombras he cuidado tu rama!
Pastor de grandes cosas que se mueven,
yo conduje el rebaño de los días piafantes;
he visto cien mañanas con los picos abiertos
devorar la migaja de la última estrella
y tembló entre mis manos toda noche
como una yegua renegrida y ágil...
Yo hilvané con mis ansias una canción de cuna
para que se durmieran los cachorros del viento;
y alcé un espantapájaros de odio
sobre el campo frutal de tu sueño sin lágrimas.
Con las hebras del sol
has torcido el cordaje de tu risa.
En las enredaderas de tus voces incuba
sus tres huevos azules un pájaro de gracia...
¡La vida en tus talones es un giro de baile!
Te aferras al abierto pavorreal de los días
y le robas la pluma;
sabes abrir tu noche como un libro de estampas.
Y no sé si deshojas
la flor menguante de las lunas;
y no sé si libertas los luceros cautivos;
¡o si el verano salta de tus ojos iguales
a una lluvia con sol!
Tengo los dientes rotos de morder imposibles:
para ti guardan lechos de martirio mis brazos.
En mis dedos retoñan zarzales de caricias,..
¡Todas las noches naufragaban
en esta costa de mi anhelo!
Grabé tu nombre en todas las arenas del aire:
tu nombre es el perfume que buscaban mis años.
Redoblan los tambores de mi fiebre
largos llamados al otoño.
Has de llorar tus frutas
redondas como lágrimas...
Ensartare en el hilo de mi plegaria sorda
las cuentas de cien días y de cien noches;
¡y haré un collar de tiempo que te ciña!
Conduciré el rebaño de mis voces
por caminos que duerman bajo el opio del alba.
He de atar mis dos ojos a carros de vigilia
¡y haré un collar de tiempo que te ciña!
para que sea manso tu caer en un día
con fragancias de alcoba;
y para que en la noche de tu llanto
las estrellas más altas fructifiquen
entre la mano de los niños.
De "Días como flechas" 1926
Si cada cual se ocupase de lo suyo, el mundo daria vueltas mas aprisa.
Leopoldo MarechalNiña de Encabritado Corazón
Su nombre, pensamiento
levantado del agua
o miel para la boca
de silencios añosos.
dicho bajo las ramas que otra vez aprendían
el gesto inútil de la primavera.
Mi nombre atado al suyo
castigó la vejez
de un idioma sin ángel.
(¡En un país grato al agua
no fue cordura olvidar
el llanto de las campanas!)
Yo era extranjero y aprendiz de mundo
junto a la mar y fiel a su vocablo.
y como la tristeza miente formas de Dios
en la Ciudad y el Río de mi patria,
sabía desde ya que Amor en tierra
nunca logra el tamaño de su sed
y que mi corazón será entre días
un gesto inútil de la primavera.
(En un país junto al mar
veletas locas de sueño
ya no sabían guardar
fidelidad a los vientos.)
Niña edificando su alegría:
toda impaciente por acontecer!
Pareció que en sus hombros apoyaba la mano
sin oriente una edad,
o que reverdecían las palabras
en el otoño de un idioma
ya cosechado por los muertos.
¡Niña-de-encabritado-corazón
nunca debió seguirme junto al agua!
Porque de olvidos era trenzada su alegría,
y porque la tristeza
miente formas de Dios
en la Ciudad y el Río de mi patria.
(Pero las rosas ignoraban
la edad del mundo,
y se pusieron a contar
frescas historias de diluvio.)
Por culpa de las rosas olvidamos,
junto al mar y a la sombra
de veletas con sueño:
Desde su adolescencia hasta su muerte
la niña, paralela del verano, cruzaba.
¡Fue imprudente olvidar que Amor en tierra
nunca logra el tamaño de su sed,
y a manera de un vino
paladear la mañana,
o escuchar el salado
proverbio de las rosas!
Sólo al final de la estación fue cuando
sentí cómo la niña se disipaba en gestos.
Y vi su madurez cayendo a tierra,
y la estatura de su muerte
junto a la mar encanecida.
Mas, como la tristeza miente formas de Dios
en la Ciudad y el Río de mi patria,
le arrebaté a la niña los colores,
el barro y el metal,
y edifiqué otra imagen, según peso y medida;
Y fue, a saber: su tallo derecho para siempre,
su gozo emancipado de las cuatro estaciones,
idioma sin edad para su lengua,
mirada sin rotura.
Y esta maldad compuso mi experiencia
con el metal y el barro de la niña.
¡Bien pueden ya los bronces
divulgar su cordura,
y el día ser un vino derramado,
y repetir olvidadizas ramas
el gesto inútil de la primavera!
Sentada está la niña para siempre,
mirando para siempre desde su encantamiento.
Y este nombre conviene a su destino;
Niña Que Ya No Puede Suceder.
De "Odas para el hombre y la mujer" 1929
Un sabor eterno se nos ha prometido, y el alma lo recuerda.
Leopoldo MarechalDefiniciones
Te propongo, con ánimo docente,
Varias definiciones de tu cuerpo.
La viajera: Es un traje de turismo,
entre los muchos que ha de usar tu ser
cumpliendo su moción helicoidal.
La tenebrosa: Es el cajón de muerte
o el ataúd grosero en que tu alma
yace y espera su liberación.
La hotelera: Tu cuerpo es una casa
que has de habitar un día y una noche.
La fabril: Es un útil de trabajo,
una herramienta noble (martillo, escoplo, arado)
con que realiza el alma sus oficios terrestres.
Sea un útil o un traje, sea chalet o féretro,
cuidarás ese poco de tierra necesaria.
Ni adores a tu cuerpo ni le des latigazos:
es un buey de ojos tristes, pero muy obediente
si no lo abruma el yugo, ni le sobra la alfalfa.
El Amor Es Un Robo
El amor es un robo -me dijiste una tarde-
robamos y nos roban, y así pasa de modo
que en los senderos quedan nuestras mejores galas
resecas como lirios que marchitó el otoño.
Han pasado los años y de nuevo tu imagen
cruzó por mis ideas con la luz de un meteoro,
y mirando en mi abismo y hallando mucha sombra
recuerdo tus palabras: El amor es un robo.
De "Los aguiluchos" 1922