Osvaldo Bossi

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Como ese árbol

que agita su fronda 
cuando un pájaro se le acerca
y gira (más que alado, tornasolado)
alrededor suyo, sin atreverse
a posar una sola de sus patas,
como si fuera un río congelado
y no un árbol
que la naturaleza ha puesto
delante de sí, o fuera a derrumbarse:
como si un pájaro
pudiera hacer que un árbol se derrumbe 
o el árbol no quisiera, en el fondo 
perder por un segundo su estabilidad,
como si no se oyera un silbido
entre las hojas, un largo llamado
de apareamiento, y el pájaro
que se conoce, pensara una vez más
que es su propio deseo de amor 
girando entre las hojas,
como si el árbol
viviera en una jaula autosuficiente
y tronco y trino
no provinieran de una misma raíz, 
como si un pájaro 
pudiera ser un pájaro de verdad,
lejos de su árbol, y a la inversa... 
 

Osvaldo Bossi

Aviso a los navegantes

No pondré un cerrojo en mi puerta, 
pero habrá una puerta. 
 
No comeré del mismo plato. 
 
No saldré a caminar de noche 
por más devastadora y hermosa que sea 
la noche de junio al lado tuyo 
cuando en mi corazón aún sea de día 
y una pequeña llama 
arda en la íntima cocina: apacible. 
 
No caminaré sobre el agua 
No buscaré desconsolado, a cualquier hora 
un parque de diversiones. 
 
Cuando la primera insidia llegue 
o el deseo surja como un abejorro punzante 
no los cubriré. 
 
Como no hay salvación posible 
ni castigo compensatorio 
no voy a pedirte que me escuches ni me deslumbres 
con el chasquido de tu látigo 
 
Que seas justo o bello, o que no lo seas 
correrá por tu cuenta. 
A cada cual su alvéolo, su santuario y su ración /
de escoria.
 
Que en nombre del amor no te calme 
ni me perdone ni te justifique. 
Que llegada la hora del descanso, descanse 
No me ataree en la secreta construcción de un /
puente
pavoroso o magnífico. 
 
Ningún efecto, ninguna causa 
será completamente tuya ni de nadie: no serás /
responsable.
A cada cual su monstruo ¿no es suficiente? 
 
No me llames por teléfono para que lo vigile 
por favor esta noche, cambie su agua o le dé de /
comer.
No soy una excepción, y voy hacia lo mismo 
como todo el mundo. 
 
No te olvides de mí, pero sobre todo no te /
acuerdes
únicamente cuando las cosas andan mal. 
Mi sabiduría no es tan sabia ni tan tonta: 
empieza con mi corazón y por él se termina. 
 
Llegado el momento, no pagues mi excarcelación. 
Sea o no inocente, no me impidas 
la retórica del mal. (No es tan difícil.) 
 
El mundo, es cierto, y las cosas que hay en el /
cielo
se han modificado con tu presencia, 
pero no me quieras engañar. No me digas: 
La soledad, a partir de ahora, ya no será una /
preocupación.
Aunque pueda, yo no quiero perder 
ese vértigo, el fondo sobre el cual bulle una copa 
a veces sumamente amarga y a veces... dulce. 
 
Que yo no diga 
--y si lo digo no me escuches: No soy nadie sin /
ti.
Y si soy nadie fatalmente, que yo comprenda 
que sólo ha sido por mí mismo. 

Osvaldo Bossi

El muchacho contorsionista

No tengo amigos, pero me llevo bien con los /
relámpagos.
De dónde quiero salir, adónde quiero llegar, 
no lo sé. De la mañana hasta la noche 
doy vueltas a lo mismo, como si poner un brazo /
aquí,
una pierna allá, me impidieran caer en el dolor... 
No hay dolor para mí. Es importante que sepan 
esto: no hay dolor. Y no entiendo a la gente que /
sigue quieta,
aferrada a lo mismo, o deja que las cosas /
continúen
en su lugar. Yo sueño con un cuerpo distinto 
cada vez, y no me importa que sea el mío: 
puedo pasar de lobo a niño, de elefante a cangrejo 
en pocos segundos, haciendo pequeños arreglos. 
Algunos piensan que lo mío no es flexibilidad 
sino un error de base, como si me faltara un eje, 
un punto de apoyo... Puede ser. Mi madre se /
horroriza
al verme, y mi padre se ríe, se divierte conmigo 
como si dijera: Este muchacho... Sin ir más lejos 
anoche tuve una pesadilla. Dormido y desnudo 
en mi cama, cualquiera (¿se dan cuenta?) /
cualquiera
podía verme. Mi novia, incluso, que es muy /
posesiva
podía encerrarme en una cajita de fósforos 
o esconderme tranquilamente en un dedal. 
 

Osvaldo Bossi