Pedro Bonifacio Palacios

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Ayer y hoy

Humilde como el voto del creyente, 
bendito como el ángel de mi guarda, 
tímido, solitario, romancesco, 
fe y esperanza. 
 
Como tú, virginal y sin mancilla, 
como yo, visionario y entusiasta, 
era el amor que te ofrecí; inocente, 
como mi alma. 
 
Ignoto, como ráfaga perdida, 
ardiente, como lágrima callada, 
torcido, desolado, borrascoso, 
amor de paria. 
 
Triste, como el destello de la luna, 
solo, como la luna solitaria, 
es el recuerdo de ese amor maldito, 
como mi alma.
 

Pedro Bonifacio Palacios

¡Avanti!

Si te postran diez veces, te levantas 
otras diez, otras cien, otras quinientas: 
no han de ser tus caídas tan violentas 
ni tampoco, por ley, han de ser tantas. 
 
Con el hambre genial con que las plantas 
asimilan el humus avarientas, 
deglutiendo el rencor de las afrentas 
se formaron los santos y las santas. 
 
Obsecación asnal, para ser fuerte, 
nada más necesita la criatura 
y en cualquier infeliz se me figura 
que se mellan los garfios de la suerte... 
 
¡Todos los incurables tienen cura 
cinco minutos antes de su muerte! 
 
¡Più Avanti! 
 
No te des por vencido, ni aún vencido, 
no te sientas esclavo, ni aún esclavo; 
trémulo de pavor, piénsate bravo, 
y acomete feroz, ya mal herido. 
 
Ten el tesón del clavo enmohecido 
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo, 
no la cobarde estupidez del pavo 
que amaina su plumaje al primer ruido. 
 
Procede como Dios que nunca llora; 
o como Lucifer, que nunca reza; 
o como el robledal, cuya grandeza 
necesita del agua y no la implora... 
 
¡Que muerda y vocifere vengadora, 
ya rodando en el polvo, tu cabeza! 
 
 
¡Molto Più Avanti! 
 
Los que viertan sus lágrimas amantes 
sobre las penas que no son sus penas; 
los que olvidan el son de sus cadenas 
para limar las de los otros antes; 
 
los que van por el mundo delirantes 
repartiendo su amor a manos llenas, 
caen, bajo el peso de sus obras buenas, 
sucios, enfermos, trágicos, sobrantes. 
 
¡Ah! Nunca quieras remediar entuertos; 
nunca sigas impulsos compasivos; 
ten los garfios del Odio siempre activos 
y los ojos del juez siempre despiertos... 
 
¡y al hecharte en la caja de los muertos, 
menosprecia los llantos de los vivos! 
 
¡Molto Più Avanti Ancora! 
 
Esta vida mendaz es un estrado 
donde todo es estólido y fingido, 
donde cada anfitrión guarda escondido 
su verdadero ser tras el tocado: 
 
No digas tu verdad ni al más amado, 
no demuestres temor ni al más temido, 
no creas que jamás te hayan querido 
por más besos de amor que te hayan dado. 
 
Mira cómo la nieve se deslíe 
sin una queja de su labio yerto, 
cómo ansía las nubes el desierto 
sin que a ninguno su ansiedad confíe: 
 
Maldice de los hombres, pero ríe; 
vive la vida plena, pero muerto. 
 
Moltíssimo Più Avanti Ancora! 
 
Si en vez de las estúpidas panteras 
y los férreos, estúpidos leones, 
encerrasen dos flacos mocetones 
en la frágil cárcel de las fieras: 
 
No habrían de yacer noches enteras 
en el blando pajar de sus colchones, 
sin esperanzas ya, sin reacciones, 
lo mismo que dos plácidos horteras; 
 
Cual Napoleones pensativos, graves, 
no como el tigre sanguinario y maula, 
escrutarían palmo a palmo su aula, 
buscando las rendijas, no las llaves... 
 
¡Seas el que tú seas, ya lo sabes: 
a escrutar las rendijas de tu jaula! 
 

Pedro Bonifacio Palacios

Lo que yo quiero


Quiero ser las dos niñas de tus ojos, 
las metálicas cuerdas de tu voz, 
el rubor de tu sien cuando meditas 
y el origen tenaz de tu rubor. 
 
Quiero ser esas manos invisibles 
que manejan por sí la Creación, 
y formar con tus sueños y los míos 
otro mundo mejor para los dos. 
 
Eres tu, providencia de mi vida, 
mi sosten, mi refugio, mi caudal: 
cual si fueras mi madre yo te amo... 
¡y todavía más! 
 
II 
Tengo celos del sol, porque te besa 
con sus labios de luz y de calor, 
del jasmín tropical y del jilguero 
que decoran y alegran tu balcón. 
 
Mando yo que ni el aire te sonreía: 
ni los astros, ni el niño, ni la flor, 
ni la Fe, ni el Amor, ni la Esperanza, 
ni ninguno en lo eterno más que yo. 
 
Eres tú, Soberana de mis noches, 
mi constante, perpetuo cavilar: 
ambicioso tu amor como la Gloria... 
¡y todavía más! 
 
III 
Yo no quiero que alguno te consuele 
si me mata la fuerza de tu amor... 
¡si me matan los besos insaciables 
fervorosos, ardientes que te doy! 
 
Quiero yo que te invadan las tinieblas 
cuando ya para mí no salga el sol. 
Quiero yo que defiendas mi cadáver 
del más leve ritual profanador. 
 
Quiero yo que me nombres y conjures 
sobre labios y frente y corazón. 
Quiero yo que sucumbas o enloquezcas... 
¡loca, sí, muerta, sí, te quiero yo! 
 
Mi querida, mi bien, mi soberana, 
mi refugio, mi sueño, mi caudal, 
mi laurel, mi ambición, mi santa madre... 
¡y todavía más!
 

Pedro Bonifacio Palacios

Intima

Ayer te vi... no estabas bajo el techo 
de tu tranquilo hogar, 
ni doblando la frente arrodillada 
delante del altar, 
ni reclinando la gentil cabeza 
sobre el augusto pecho maternal. 
Te vi... si ayer no te siguió mi sombra 
en el aire, en el sol, 
es que la maldición de los amantes 
no la recibe Dios, 
o acaso, el que roba tus caricias, 
tiene en el cielo mas poder que yo! 
 
Otros te digan palma del desierto, 
otros te llamen flor de la montaña, 
otros quemen incienso a tu hermosura: 
yo te diré mi amada! 
Ellos buscan un pago a sus vigilias, 
ellos compran tu amor con sus palabras, 
ellos son elocuentes porque esperan; 
¡y yo no espero nada! 
 
¡Yo sé que la mujer es vanidosa, 
yo sé que la lisonja la desarma, 
y yo se que un esclavo de rodillas 
más que todos alcanza!... 
 
Otros te digan palma del desierto, 
otros compren tu amor con sus palabras; 
yo seré más audaz, pero más noble: 
¡yo te diré mi amada!
 

Pedro Bonifacio Palacios