Renato Leduc

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Otra Canción de Otoño

Todos cantan a tiempo su canto postrimero.
Con la barba en la mano o de otro modo,
al llegar el invierno,
todos modulan su canción de otoño.

Cuando llora la carne,
cuando el aire es tan puro que nos ahoga,
y es tan lúcido el cielo que nos deslumbra,
descendemos cantando de las montañas
a beber agua turbia de la laguna.

Cuando llora la carne:
eres aquella misma que contemplamos
desnuda bajo el triunfo de un día de sol.
Eres aquella misma, con la cabeza
cenicienta y vejada por el dolor.

Con la barba en la mano o de otro modo,
todos modulan su canción de otoño.
Dispendiosa elegancia de los crepúsculos.
Dispendiosa elegancia de las mañanas,
muy de mañana.

Ya nos pesa en el alma la formidable
castidad -roca y nieve- de la montaña,
y aceptamos tan sólo la luz de Vésper
porque tiembla y cintila como una lágrima.

Todos cantan a tiempo su canto postrimero,
muy pocos en verano, muy muchos en invierno.

La severa prestancia de los cipreses,
coloridos de sepia crepuscular,
edifica el cansancio de nuestra casa
y exornamos de rojo nuestra tristeza,
y seguimos cantando, que todo pasa.

Y en la margen fangosa de la laguna
húndese sollozando la carne infausta,
trunca y convaleciente como la luna.

De "Algunos poemas deliberadamente románticos
y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933

Renato Leduc

Romance Del Emigrante

Nublado sol de estas horas
en que no te puedo ver.
Sol azul como tus ojos,
el de ayer.

Postes... alambres... alambres
hasta el infinito y más.
Postes, alambres y pájaros
fatigados de volar.

Luz amarilla del sol,
sesgando sobre un trigal
-tu cabello y las ventanas
abiertas de par en par-

Postes... alambres... amor
vislumbrado al transitar:

furia de macho cabrío,
candidez de recental
y un pobre muchacho absorto
ante el milagro carnal.

De "Algunos poemas deliberadamente románticos
y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933

Renato Leduc

Ineludible Poema Del Adiós

Sólo un occiduo sol que disemina
en tintas jaldes la silueta tuya,
extraviada en los riesgos de una esquina,
sin quien a mi fervor la restituya.

Blanco pañuelo
que tremolaste con enhiesto brazo,
signo será de adiós y desconsuelo
cuando se vuelva a presentar el caso.

Rueda la noche y en la noche el tren,
el uno y la otra por distinta vía;
alguien habrá que en el desierto andén
consigne fardos de melancolía.

Diáfano cielo
con un errante corazón de plata;
cuántas muchachas llorarán en celo.
Oh, gemebundo amor de gato y gata.

El agrio viento que en Paris y en otros
turbios países torna la veleta,
por falta de veleta entre nosotros
a transportar suspiros se concreta.

Luces, fugaces luces
de una casa perdida en la llanura;
cuántas doncellas beberán de bruces
sueños, que el sol amargo desfigura.

Viento del mar que con hinchado aliento
al viento avienta iridiscente espuma;
al cruzar tu recuerdo amarillento,
olor de viaje y de marisco exhuma.

Estos gajos lunáticos de luna
saben a menta;
cuántas muchachas llorarán a una
dicha, perdida por error de imprenta.

Brumoso viento que nos cuenta el cuento
del viejo Valdemar
y sus hijas, que en modo truculento
sucumbieron, cansadas de esperar.

A viajero veloz, senda florida.
Oh, muchachas de amable contextura,
hay que decir adiós porque la vida
es menos dura cuanto menos dura.

Estrella, estrella
que contemplas cien mundos a la vez,
¿dónde está, di, lapostrimer doncella?
dónde está, pues...

De "Algunos poemas deliberadamente románticos
y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933

Renato Leduc

Temas

Preámbulo inevitable a
"Algunos poemas deliberadamente románticos"

Para Mario Mariscal

No haremos obra perdurable. No
tenemos de la mosca la voluntad tenaz.

Mientras haya vigor
pasaremos revista
a cuanta niña vista
y calce regular...

Como Nerón, emperador
y mártir de moralistas cursis,
coronados de rosas
o cualquier otra flor de la estación,
miraremos las cosas
detrás de una esmeralda de ilusión...

Va pasando de moda meditar.
Oh, sabios, aprended un oficio.
Los temas trascendentes han quedado,
como Dios, retirados de servicio.
La ciencia... los salarios...
el arte... la mujer...
Problemas didascálicos, se tratan
cuando más, a la hora del cocktail.

¿Y el dolor?, ¿y la muerte ineluctable?...
Asuntos de farmacia y notaría.
Una noche -la noche es más propicia-
vendrán con aspavientos de pariente,
pero ya nuestra trémula vejez
encongeráse de hombros, y si acaso,
murmurará cristianamente...

Pues...

De "Algunos poemas deliberadamente románticos
y un prólogo en cierto modo innecesario" 1933

Renato Leduc

Sabia virtud de conocer el tiempo; a tiempo amar y desatarse a tiempo.

Renato Leduc

Quisiera yo que siquiera al final el arduo camino fuera para bien o para mal, árbol no de ciencia artera, sí, pecado original.

Renato Leduc

Yo vivo de lo poco que aún me queda de usted, su perfume, su acento, una lágrima suya que mitigó mi sed.

Renato Leduc