Salvador Rueda

Se han encontrado 20 pensamientos de Salvador Rueda

Creyendo darlo en tu boca he dado en el aire un beso, y el beso ha culebreado como una chispa de fuego.

Salvador Rueda

En el altar de tu reja digo una misa de amor, tú eres la virgen divina y el sacerdote soy yo.

Salvador Rueda

La Sandía

Cual si de pronto se entreabriera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas.

Salvador Rueda

Ella es la fuerza viva, el soplo ardiente de cuanto sueña y goza, piensa y siente; de cuanto canta y ríe, vibra y ama.

Salvador Rueda

Cuando muerto esté en la tumba toca en ella la guitarra, y verás a mi esqueleto alzarse para escucharla.

Salvador Rueda

Para alcanzar las estrellas sonda el cisne la laguna; en el mar de los amores yo soy cisne y tú eres luna.

Salvador Rueda

Si quieres darme la muerte tira donde más te agrade, pero no en el corazón porque allí llevo tu imagen.

Salvador Rueda

Tus ojos son un delito negro como las tinieblas, y tienes para ocultarlo bosque de pestañas negras.

Salvador Rueda

El Ave Del Paraíso

Ved el ave inmortal, es su figura;
la antigüedad un silfo la creía,
y la vio su extasiada fantasía
cual hada, genio, flor o llama pura.
Su plumaje es la luz hecha locura,
un brillante hervidero de alegría
donde tiembla 1a ardiente sinfonía
de cuantos tonos casa la hermosura.
Su cola real, colgando en catarata;
y dirigida al sol, haz que desata
vivo penacho de arcos cimbradores.
Curvas suelta la cola sorprende,
y al aire lanza cual tazón de fuente
un surtidor de palmas de colores.

Salvador Rueda

Yo no sé qué me sucede desde que te di mi alma, que cualquier senda que tomo me ha de llevar a tu casa.

Salvador Rueda

Desde la frente, que es lámpara lírica, desborda su acento como un aceite de aroma y de gracia la ardiente poesía.

Salvador Rueda

Hay en tu mirada yo no sé qué cosa, que en mis fibras penetra y penetra como espada sorda.

Salvador Rueda

Horas de Fuego

Quietud, pereza, languidez, sosiego...
un sol desencajado el suelo dora,
y a su valiente luz deslumbradora
que le ha dejado fascinado y ciego.

El mar latino, y andaluz, y griego,
suspira dejos de cadencia mora,
y la jarra gentil que perlas llora
se columpia en la siesta de oro y fuego.

Al rojo blanco la ciudad llamea;
ni una brisa los árboles cimbrea,
arrancándoles lentas melodías.

Y sobre el tono de ascuas del ambiente,
frescas cubren su carmín rïente
en sus rasgadas bocas las sandías.

Salvador Rueda

Mi padre siempre me amparó por desgraciado y me tuvo un sitio en su corazón.

Salvador Rueda

Cada vez que a verte voy en tu puerta me detengo, pues temo que la alegría me trastorne el pensamiento.

Salvador Rueda

Las Bodas Del Mar

Ya acudes a tu cita misteriosa
con el inquieto mar, luna constante,
y asoma las playas de Levante,
hostia de luz, tu cara milagrosa.

En la onda azul, cual nacarada rosa,
se abre tu seno con pasión de amante,
y dibuja un reguero rutilante
tu pie sobre la espuma en que se posa.

El agua, como un tálamo amoroso,
te ofrece sus cristales movedizos
donde tiendes tu cuerpo luminoso.

Y al ostentar desnuda tus hechizos,
el mar, con un abrazo tembloroso,
te envuelve en haz de onduladores rizos...

Salvador Rueda

Lejano Amor

Mujer de luz, mujer idealizada,
que apagaste tu lámpara de oro:
aun pienso ver la escarcha de tu lloro
dentro de tu ataúd amortajada.

Vuelve a surgir de gloria coronada;
sal otra vez del mármol incoloro;
yo te amo, yo te vivo, yo te adoro,
llena de luz como una desposada.

Tu carne fue de nardos y panales,
floreciente entre sábanas nupciales;
resucita: yo te amo, yo te quiero.

Dame tu boca en flor, esposa mía,
y tu seno que hierve en armonía,
lo mismo que un enjambre en un romero.

Salvador Rueda

Tengo los ojos rendidos de tanto mirar tu cara, si los cierro, no es que duermen, es tan sólo que descansan.

Salvador Rueda

Parecía la amapola que ayer vi en el cementerio, sus rojos labios que ansiaban darme los últimos besos.

Salvador Rueda

Quisiera tener un rizo de tu oscura cabellera, para gastarme los ojos en sólo mirar sus hebras.

Salvador Rueda