Yolanda Gelices Nieto

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Desenterrar El Corazón

Atesorar tesoros que no se agoten,
en pie sobre el mar de vidrio.
Recomponer corazones mordidos por las sombras.
Reivindicar la alegría
cuando se derrama la escarcha ocre como ceniza.
Saciar de paz cuando la paloma está sedienta,
cuando los ojos no ven y las manos no palpan y
no existe ni una sola sílaba cálida
que llevarnos al alma.
Poner el corazón en los cielos invocando la luz,
con complacencia,sin descanso,sin tregua.
Tal vez así
alguna brizna de amor
fructifique en el vientre estéril
de una tierra
desalmada,extraviada,desapacible y fría.
Tal vez así
desciendan en tropel los ángeles
dando órdenes para que el sol alumbre
en medio del viento de la medianoche.

Yolanda Gelices Nieto

Corazón Coraza

No este corazón tan blanco

que se quiebra al más leve viento de escarcha

No este corazón de azúcar, tan sensible, tan frágil….

De hierro debieras ser

que la lluvia y el hielo y todo

lo que hace añicos el alma

no atraviese la dura coraza de acero,

que no pase hacia dentro

la herida enmudecida que late sin vida en los ojos.

Que sólo traspase tus puertas

la verdad, la alegría y la esperanza,

la esencia de la tierra pura

y las palabras…

las más bellas palabras.

Yolanda Gelices Nieto

Echa El Cerrojo

Si algún día viene a visitarme el fantasma de hielo
con su manto de sombras,
niégale la entrada.
Aunque venga cubierto
con pieles de cordero y enseñe su patita
por debajo de la puerta.
Aunque anuncie su cita con miles de rosas
o dulces manzanas encarnadas
No le abras la puerta.
Recita una oración que envoque a la risa
o recrea con premura un manso sortilegio de luz
que lo mantenga a raya.
Que no se atreva a entrometerse de nuevo
en nuestras vidas
ahora que el sol todo lo alumbra,
que el mar está en calma
y nuestro convidado Amor ha venido para quedarse
perpetuamente
instalado en la estancia más cálida de la casa.

Yolanda Gelices Nieto

Cándida Adolescencia

Como arrogantes máquinas de fabricar idioteces,
como estériles cuerpos
que introducen ponzoñosas pócimas
de veneno entre las flores,
transitan sin rumbo fijo
como perdidos en la espesura de la oscura niebla.
Su insensibilidad refleja
la estupidez del alma,
su altanería rebasa impunemente los límites precisos
de la sencillez,
su incesante descontento,
sus continuas acusaciones,
son como mordiscos suaves
que arañan y arañan en lo hondo
hasta anquilosar el alma más complaciente.
Sin embargo
! Qué inusitada inocencia destilan
cuándo sus ojos sonríen!

Yolanda Gelices Nieto