Mensajes de Amor para Hombres

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Poema de amor

Los que ampliaron el Canal de Panamá 
(y fueron clasificados como "silver roll" y no /
como "gold roll"),
los que repararon la flota del Pacífico 
en las bases de California, 
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala, 
México, Honduras, Nicaragua, 
por ladrones, por contrabandistas, por /
estafadores,
por hambrientos, 
los siempre sospechosos de todo 
("me permito remitirle al interfecto 
por esquinero sospechoso 
y con el agravante de ser salvadoreño"), 
las que llenaron los bares y los burdeles 
de todos los puertos y las capitales de la zona 
("La gruta azul", "El Calzoncito", "Happyland"), 
los sembradores de maíz en plena selva extranjera, 
los reyes de la página roja, 
los que nunca sabe nadie de dónde son, 
los mejores artesanos del mundo, 
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la /
frontera,
los que murieron de paludismo 
o de las picadas del escorpión o de la barba /
amarilla
en el infierno de las bananeras, 
los que lloraran borrachos por el himno nacional 
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte, 
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros, 
los guanacos hijos de la gran puta, 
los que apenitas pudieron regresar, 
los que tuvieron un poco más de suerte, 
los eternos indocumentados, 
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, 
los primeros en sacar el cuchillo, 
los tristes más tristes del mundo, 
mis compatriotas, 
mis hermanos.
 

Roque Dalton

Signos

Todo hace el amor con el silencio.
Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio.
De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.

Alejandra Pizarnik

Anda, mi amor, yo voy también aunque me quede lejos y estaré allí con vos en el viento y la lluvia, en el calor del medio día, en las tapitas de dulce, en las chicharras y en los grillos, en el peligro, allí por donde andes, andaré yo, entre la tierra y tu sombra habrá una mujer acariciándote.

Gioconda Belli

Noche Del Amor Insomne

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entró por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.

Federico García Lorca

Otra Vida, Otro Mar

álzate a mí, a mi boca, galvánico Amor mío,
terriblemente impuro bajo un sol de justicia,
revolcado en la muerte, como el furioso río
empapado de rayos, de tierra de inmundicia.

Retuércete en mis ingles, provoca un desafío
entre amargo orgullo y la casta caricia,
y desata los vientos, y el témpano más frío
para asolar el único vergel de la delicia.

Y asfíxiarne en el fango, y hazme sombra de nada,
como un volcán de envidia, como una injusta mano,
como un diente roído que en la fruta se encona.

Y después de estar sucios y con la carne helada,
¡vamos al agua quieta donde fulge el verano,
vamos al mar sereno que nunca nos traiciona!

De "Extravagante jerarquía" 1981

Antonio Carvajal

Si nace el amor entre dos personas que ya se han decubierto a sí mismas, ¡qué maravillosa aventura se inicia, con huracanes y todo!.

Richard Bach

El amor se hace con el corazón y se deshace con los sentidos.

Emilio Aragón

Llegas de amor

Esta luz, este fuego que devora. 
Este paisaje gris que me rodea. 
Este dolor por una sola idea. 
Esta angustia de cielo, mundo y hora. 
 
Este llanto de sangre que decora 
lira sin pulso ya, lúbrica tea. 
Este peso del mar que me golpea. 
Este alacrán que por mi pecho mora. 
 
Son guirnaldas de amor, cama de herido, 
donde sin sueño, sueño tu presencia 
entre las ruinas de mi pecho hundido. 
 
Y aunque busco la cumbre de prudencia 
me da tu corazón valle tendido 
con cicuta y pasión de amarga ciencia.
 

Federico García Lorca

A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.

Marcel Proust

Dice que no sabe

Dice que no sabe del miedo de la muerte del amor, 
dice que tiene miedo de la muerte del amor, 
dice que el amor es muerte es miedo, 
dice que la muerte es miedo es amor,
dice que no sabe. 

Alejandra Pizarnik

El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga.

Giovanni Papini

Pleamar de Amor

La tarde pastoral, de alterno cielo
rayos de tu tormenta desatados,
mas luego azul total, cielo amados,
me llena de pasión o de desvelo.

Asciendo así del tormentoso anhelo
a una paz de reposos entregados,
mas desciendo otra vez a los estados
mismos de que partí para mi vuelo.

¡Ay! esta indócil pleamar me inunda,
tarde mi frenética y liviana.
Déjame, pues, si, deja que me hunda

en este frenesí de lluvia vana.
Luego me elevare hasta ti, oh, profunda.
Luego serás mi primavera humana.

Vicente Gaos

¡Todo era amor!

¡Todo era amor... amor!
No había nada más que amor
En todas partes se encontraba amor.
No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla,
amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, /
analizado.
Amor ultramarino.
Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche... 
lleno de prevenciones, de preventivos;
lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula,
chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista.
Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos; 
con sus faltas de puntualidad, de ortografía;
con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes, /
de los bomberos.
Amor que exalta el canto de las ranas bajo las /
ramas,
que arranca los botones de los botines, que se /
alimenta de encelo y de ensalada. Amor impostergable y amor impuesto.
Amor incandescente y amor incauto.
Amor indeformable. Amor desnudo.
Amor amor que es, simplemente, amor. Amor y /
amor... ¡y nada más que amor!

Oliverio Girondo

Declaración de amor

Ciudad que llevas dentro 
mi corazón, mi pena, 
la desgracia verdosa 
de los hombres del alba, 
mil voces descompuestas 
por el frío y el hambre. 
 
Ciudad que lloras, mía, 
maternal, dolorosa, 
bella como camelia 
y triste como lágrima, 
mírame con tus ojos 
de tezontle y granito, 
caminar por tus calles 
como sombra o neblina. 
 
Soy el llanto invisible 
de millares de hombres. 
 
Soy la ronca miseria, 
la gris melancolía, 
el fastidio hecho carne. 
Yo soy mi corazón desamparado y negro. 
 
Ciudad, invernadero, 
gruta despedazada. 
 
Bajo tu sombra, el viento del invierno 
es una lluvia triste, y los hombres, amor, 
son cuerpos gemidores, olas 
quebrándose a los pies de las mujeres 
en un largo momento de abandono 
-como nardos pudriéndose. 
 
Es la hora del sueño, de los labios resecos, 
de los cabellos lacios y el vivir sin remedio. 
 
Pero si el viento norte una mañana, 
una mañana larga, una selva, 
me entregara el corazón desecho 
del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad, 
el dolor de las manos y el grito brusco, inmenso, 
de una tierra sin vida? 
Porque yo creo que el corazón del alba 
en un millón de flores, 
el correr de la sangre 
o tu cuerpo, ciudad, sin huesos ni miseria. 
 
Los hombres que te odian no comprenden 
cómo eres pura, amplia, 
rojiza, cariñosa, ciudad mía; 
cómo te entregas, lenta, 
a los niños que ríen, 
a los hombres que aman claras hembras 
de sonrisa despierta y fresco pensamiento, 
a los pájaros que viven limpiamente 
en tus jardines como axilas, 
a los perros nocturnos 
cuyos ladridos son mares de fiebre, 
a los gatos, tigrillos por el día, 
serpientes en la noche, 
blandos peces al alba; 
cómo te das, mujer de mil abrazos, 
a nosotros, tus tímidos amantes: 
cuando te desnudamos, se diría 
que una cascada nace del silencio 
donde habitan la piel de los crepúsculos, 
las tibias lágrimas de los relojes, 
las monedas perdidas, 
los días menos pensados 
y las naranjas vírgenes. 
 
Cuando llegas, rezumando delicia, 
calles recién lavadas 
y edificios-cristales, 
pensamos en la recia tristeza del subsuelo, 
en lo que tienen de agonía los lagos 
y los ríos, 
en los campos enfermos de amapolas, 
en las montañas erizadas de espinas, 
en esas playas largas 
donde apenas la espuma 
es un pobre animal inofensivo, 
o en las costas de piedra 
tan cínicas y bravas como leonas; 
pensamos en el fondo del mar 
y en sus bosques de helechos, 
en la superficie del mar 
con barcos casi locos, 
en lo alto del mar 
con pájaros idiotas. 
 
Yo pienso en mi mujer: 
en su sonrisa cuando duerme 
y una luz misteriosa la protege, 
en sus ojos curiosos cuando el día 
es un mármol redondo. 
Pienso en ella, ciudad, 
y en el futuro nuestro: 
en el hijo, en la espiga, 
o menos, en el grano de trigo 
que será también tuyo, 
porque es de tu sangre, 
de tus rumores, 
de tu ancho corazón de piedra y aire, 
de nuestros fríos o tibios, 
o quemantes y helados pensamientos, 
humildades y orgullo, mi ciudad, 
 
Mi gran ciudad de México: 
el fondo de tu sexo es un criadero 
de claras fortalezas, 
tu invierno es un engaño 
de alfileres y leche, 
tus chimeneas enormes 
dedos llorando niebla, 
tus jardines axilas la única verdad, 
tus estaciones campos 
de toros acerados, 
tus calles cauces duros 
para pies varoniles, 
tus templos viejos frutos 
alimento de ancianas, 
tus horas como gritos 
de monstruos invisibles, 
¡tus rincones con llanto 
son las marcas de odio y de saliva 
carcomiendo tu pecho de dulzura! 

Efrain Huerta

Definiendo El Amor Y Sus Contrariedades

Borrasca disfrazada en la bonanza,
engañoso deleite de un sentido,
dulzura amarga, daño apetecido,
alterada quietud, vana esperanza.

Desapacible paz, desconfianza,
desazonado gozo, mal sufrido,
esclava libertad, triunfo abatido,
simulada traición, fácil mudanza.

Perenne manantial de sentimientos;
efímera aprehensión que experimenta
dolorosas delicias y escarmientos.

Azarosa fortuna; cruel, violenta
zozobra; sinsabor, desabrimientos,
risa en la playa y en el mar tormenta.

Margarita de Hickey y Pellizzoni

El amor es el milagro de la civilización.

Stendhal

El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males.

Leonard Cohen

El amor auténtico se encuentra siempre hecho. En este amor un ser queda adscrito de una vez para siempre y del todo a otro ser. Es el amor que empieza con el amor.

José Ortega y Gasset

Al amor, al baño y a la tumba, se debe ir desnudo.

Enrique Jardiel Poncela

Tristes guerras

Tristes guerras 
si no es amor la empresa. 
Tristes, tristes. 
 
Tristes armas 
si no son las palabras. 
Tristes, tristes. 
 
Tristes hombres 
si no mueren de amores. 
Tristes, tristes. 

Miguel Hernández