Señor, le escribo para decirle
Señor,
le escribo para decirle
que he vuelto, esta mañana,
a leer sus versos.
Mi sed está saciada
y me siento iluminado.
No sé cómo pude
negarlo tres veces,
practicar la escritura automática
y unirme a la crueldad
de la multitud.
La esgrima tonta de los días
se había apoderado de mí.
Perdóneme, recíbame.