Si siempre hay una voz que dice cosas al oído,
al viento de la costa de arenisca caliente;
si en un recuadro hay dos figuras juntas
o cromos de sombrillas pegados en machimbre.
Dejamos en orden nuestras cosas, en atados /
circulares
que fingen seguirle la altura a un pino,
en filas de cuchillos irregulares y sin filo.
Nos alejamos de la leña aprendiendo sus maneras,
las posturas de cuando la viola el fuego
y el hacha cuadrada del viejo parquizador. 
 

Francisco Garamona