Lo que yo quiero


Quiero ser las dos niñas de tus ojos, 
las metálicas cuerdas de tu voz, 
el rubor de tu sien cuando meditas 
y el origen tenaz de tu rubor. 
 
Quiero ser esas manos invisibles 
que manejan por sí la Creación, 
y formar con tus sueños y los míos 
otro mundo mejor para los dos. 
 
Eres tu, providencia de mi vida, 
mi sosten, mi refugio, mi caudal: 
cual si fueras mi madre yo te amo... 
¡y todavía más! 
 
II 
Tengo celos del sol, porque te besa 
con sus labios de luz y de calor, 
del jasmín tropical y del jilguero 
que decoran y alegran tu balcón. 
 
Mando yo que ni el aire te sonreía: 
ni los astros, ni el niño, ni la flor, 
ni la Fe, ni el Amor, ni la Esperanza, 
ni ninguno en lo eterno más que yo. 
 
Eres tú, Soberana de mis noches, 
mi constante, perpetuo cavilar: 
ambicioso tu amor como la Gloria... 
¡y todavía más! 
 
III 
Yo no quiero que alguno te consuele 
si me mata la fuerza de tu amor... 
¡si me matan los besos insaciables 
fervorosos, ardientes que te doy! 
 
Quiero yo que te invadan las tinieblas 
cuando ya para mí no salga el sol. 
Quiero yo que defiendas mi cadáver 
del más leve ritual profanador. 
 
Quiero yo que me nombres y conjures 
sobre labios y frente y corazón. 
Quiero yo que sucumbas o enloquezcas... 
¡loca, sí, muerta, sí, te quiero yo! 
 
Mi querida, mi bien, mi soberana, 
mi refugio, mi sueño, mi caudal, 
mi laurel, mi ambición, mi santa madre... 
¡y todavía más!
 

Pedro Bonifacio Palacios