Poemas Alusivos a la Madre

Resultados 1 - 20 de aproximadamente 102 poemas: poemas alusivos a la madre

Estudio de mi madre

No hay vida sin canto, como no hay vida sin sol. /
Julio Fucik
 
Mi madre tenía la piel blanca y los ojos 
castaños. Su vida fue corta y nada fácil. 
Le gustaba vivir y soñar en cosas imposibles. 
A veces se ponía una flor en los cabellos 
y cantaba. La espuma del jabón corría en tanto 
-olorosa, inocente-por sus manos. 
Mi madre tenía los dedos finos, tiernos 
y hábiles. 
De sus manos salían flores, frutos y pájaros 
de hilo. 
Amaba loa belleza y vivió poco. 
El sol brillaba sobre su frente de muchacha. 

Pompeyo del Valle

Tratado sobre los padres

Hablo con mi madre 
y lo entiendo todo: 
 
mi padre es una persona 
muchas veces insoportable 
y se hace muy difícil convivir con él. 
 
Al rato hablo con mi padre 
y lo entiendo todo: 
 
mi madre es una persona 
muchas veces insoportable 
y se hace muy difícil convivir con ella. 

Gustavo Álvarez Nuñez Argentina

La torre más alta

?«La torre, madre, más alta 
es la torre de aquel pueblo, 
la torre de aquella iglesia 
hunde su cruz en el cielo. 
 
»Dime, madre, ¿hay otra torre 
más alta en el mundo entero?» 
 
?«Esa torre sólo es alta, 
hijo mío, en tu recuerdo». 

Baldomero Fernández Moreno

Canción Ii

Mote

Irme quiero, madre,
a aquella galera,
con el marinero
a ser marinera

Voltas

Madre, si me fuere,
do quiera que yo,
no lo quiero yo,
que el Amor lo quiere.
Aquel niño fiero
hace que me muera
por un marinero
a ser marinera.

Él, que todo lo puede,
madre, no podrá,
pues el alma va,
que el cuerpo se quede.
con él, por quien muero
voy, porque no muero
voy, porque no muera:
que si es marinero,
seré marinera.

Es tirana ley
del niño señor
que por un amor
se deseche un rey.
Pues desta manera
quiero irme, quiero,
por un marinero
a ser marinera.

Decid, ondas, ¿cuándo
vistes vos doncella,
siendo tierna y bella
andar navegando?
Mas ¿qué no se espera
daquel niño fiero?
Vea yo quien quiero:
sea marinera.

Luis de Camoes

Soneto

Están doblando a madre las campanas
y el corazón está sonando a llanto.
Un niño, en los senderos del espanto,
huye a unas faldas limpias y lejanas.

El pasado nos abre las ventanas
y penetran sus sombras con el canto.
Al niño de mi historia lo levanto
hasta la luz de todos los mañanas.

Están doblando a madre las palmeras
de mi ciudad. Y yo, en Madrid. Tan lejos
que se me perderán en el camino

todas estas palabras verdaderas.
Madre en el fondo azul de los espejos
de este hotel, donde el llanto es clandestino.

Carlos Sahagún

Heme Aquí Raíz...

Heme aquí raíz,
savia de impulsos ascendentes,
madre aún,
posible siempre,
anticipada gestación
de un porvenir intruso,
intrusa de un presente
que desestima
el valor de nacer
a sí mismo de nuevo.
Heme aquí clavando
mis ojos
de savia encarcelada
en los troncos vacíos de los árboles
muertos,
heme aquí creyendo,
queriendo creer
en la impostura de las ruinas,
en el candor del desastre,
el valor de lo opaco,
la calidez del humo en los rescoldos.
Heme aquí,
heme aquí,
he aquí que me atrevo
a creer en las ruinas.

¡Me atrevo a creer en las ruinas!

De "Conjuros" 2001

Chantal Maillard

Villancico

Madre, lo que no queréis,
vos a mí no me lo deis.

Que bien veis que no es razón
que cative el coraçón
y que ponga mi afición
con quien vos aborrecéis.

Para vos buscáis amores
los más moços y mejores,
y a mí daisme los peores,
los más viejos que podéis.

Si queréis que bien os quiera
y havéis gana que no muera,
en cosa tan lastimera
vos a mí no me habléis.

Fin

Donde no hay contentamiento
siempre bive el pensamiento
lastimado de tormento,
como vos muy bien sabéis.

Juan del Encina

Destierro

Yo no soy de esta tierra.
Era ya extranjera en la distancia
del vientre de mi madre
y todo, de los pies a la alcoba me anunciaba
destierro.
Busqué de las palmeras
mi voz entre sus signos
y perforé de hachones
encendidos la amarga
región del azabache. Yo no sé
qué vuelo de planetas torcería
mi suerte.
Sobre el mudo desvío, sé que voy,
como víbora en celo, persiguiendo
el rastro de mi exilio.

No encontrará mi alma su reposo
hasta que en ti penetre
y me amanezca
y ría.

De No temerás, Torremozas, Madrid 1994

Juana Castro

Hoy Vi La Muerte Frente A Mi

Y el murmullo de la gente era incesante.
Una madre que llora su hijo inerte, envuelta
de palabras piadosas.
Yo no lo conocía, es uno más,
como tantos que se van misteriosamente.
Pero en mi interior mas remoto, sentí
ganas de llorar, y lloré interiormente.
En el cortejo final, escuche pasos
desprolijos, y llantos que se
acrecientan en mi mente, y lágrimas
que se derramaron en caras desconcertadas.
Hoy vi la muerte frente a mi..!
Y no puedo comprender tanto dolor,
si al final, debiera ser alegría.
Ahora estás con Dios.
Descansa en paz...
ANDRÉS.

Rosendo Marcelo Gile - Flores

Unidad

Madre, tu eres ya no tuya sino mía.
Te has ido dando como la luna sobre el agua.
Toda tu claridad se han reflejado
inmensa, sobre mi alma.
Madre, ya no eres tú,
tu risa no es tu risa.
Soy yo quien te sonríe, quien te mueve las manos.
Quien te vive y respira por ti. Ya no eres tú,
madre mía. Has fijado
tu claridad lo mismo
que la luna en el lago.
En mí tu imagen flota, reposa, duerme, gira,
en una simbiótica unidad que nivela
tu carne con mi carne, tus ojos con mis ojos,
tu pena con mi pena.
Y tu fin - extinguirte sonriendo - es el mío.
-¡Tu fin !- Allá en lo alto te esperará una estrella.
Yo te sujetaré con mis manos (¡tan jóvenes!)
más arriba del mar, más arriba del tiempo.
Y nos daremos juntos, madre mía, tan juntos
que Dios no sepa nunca distinguir si eres una
o somos dos a una los que nos hemos muerto.

Pilar Paz Pasamar

A Mi Madre

(reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve)

"Poemas del manicomio de Mondragón" 1987

Leopoldo María Panero

A Una Mujer Cosmopolita

Nueva, impoluta, pura,
compañera de mañaneras risas,
lejana madre-niña, fuente de la ternura,
ancla de nuestras lágrimas y mutuo desvarío.
Así quisiera verte.
Mitad ardilla en medio de los sueños,
hembra fundamental, valerosa argonauta,
¿cuántas veces llevaste la tristeza a calles
cenicientas
fundiéndote en la noche con la ciudad de llanto?
Volver, volver a ti, quisiera.
Encendida matriz de rebeldes destellos,
cuajada soledad que ni los gritos rompen,
pirámide aislada, taciturna y urbana.
Ante tu recia rosa se estrella la nostalgia.
Mas así no te quiero.
Quisiera verte nueva, lavada por el alba.
Limpia tu alma de hollín cosmopolita,
como en la mañana verde que se pierde en
el trópico,
donde el amor ya juega y la ternura nace.
Así, así quisiera verte.
Oh antigua capitana de mi bajel vagante
déjame que te conduzca a la escondida rada.
Oh niña ardilla que una vez fuiste mía:
déjame que cure tus heridas noctámbulas.

Y entonces, quizás, una vez más te vea
-tus antiguas formas vuelvan poco a poco a mis
manos-
nueva, impoluta, pura... colmada de esperanza.

Luis Zalamea Borda

La Madre

Y cuando el corazón de un último latido
haya hecho caer el muro de sombra,
para conducirme, madre, hasta el Señor,
como una vez me darás la mano.

De rodillas, decidida,
serás una estatua delante del Eterno,
como ya te veía
cuando estabas todavía en la vida.

Alzarás temblorosa los viejos brazos,
como cuando expiraste
diciendo: Dios mío, heme aquí.

Y sólo cuando me haya perdonado
te entrarán deseos de mirarme.

Recordarás haberme esperado tanto
y tendrás en los ojos un rápido suspiro.

Versión de Jesús López Pacheco

Giuseppe Ungaretti

Endechas

Parióme mi madre
una noche escura,
cubrióme de luto,
faltome ventura.

Cuando yo nascí,
era hora menguada,
ni perro se oía,
ni gallo cantaba.

Ni gallo cantaba,
ni perro se oía,
sino mi ventura
que me maldecía.

Apartaos de mí,
bien afortunados,
que de sólo verme,
seréi desdichados.

Dixeron mis hados,
cuando fui nascido,
si damas amase
fuese aborrecido.

Fui engendrado
en signo nocturno,
reinaba Saturno
en curso menguado.

Mi lecho y la cuna
es la dura tierra;
crióme una perra,
mujer no, ninguna.

Muriendo, mi madre,
con voz de tristura,
púsome por nombre
hijo sin ventura.

Cupido enojado
con sus sofraganos
el arco en las manos
me tiene encarado.

Sobróme el amor
de vuestra hermosura,
sobróme el dolor,
faltóme ventura.

Romancero y Cancionero anónimo hasta el siglo XV

Madre, Llévame A La Cama

Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.

No te vayas de mi lado,
cántame el cantar aquél.
Me lo cantaba mi madre;
de mocita lo olvidé,
cuando te apreté a mis pechos
contigo lo recordé.

¿Qué dice el cantar, mi madre,
qué dice el cantar aquél?
No dice, hijo mío, reza,
reza palabras de miel;
reza palabras de ensueño
que nada dicen sin él.

¿Estás aquí, madre mía?
porque no te logro ver...
Estoy aquí, con tu sueño;
duerme, hijo mío, con fe.

Miguel de Unamuno

Canción Ii

Aquel caballero, madre,
como a mí le quiero yo,
y remedio no le dó.

Él me quiere más que a sí,
yo le mato de crüel;
mas en serlo contra él
también lo soy contra mí.

De verle penar así
muy penada vivo yo,
y remedio no le dó.

Cristóbal de Castillejo

Soneto Xiv- Como La Tierna Madre, Que El Doliente...

Como la tierna madre, que el doliente
hijo le está con lágrimas pidiendo
alguna cosa, de la cual comiendo
sabe que ha de doblarse el mal que siente,

y aquel piadoso amor no le consiente
que considere el daño que haciendo
lo que le pide hace, va corriendo,
aplaca el llanto y dobla el accidente,

así a mi enfermo y loco pensamiento
que en su daño os me pide, yo querría
quitalle este mortal mantenimiento.

Mas pídemelo y llora cada día
tanto, que cuanto quiere le consiento,
olvidando su suerte y aun la mía.

Garcilaso de la Vega

Retornos de Una Sombra Maldita

¿Será difícil, madre, volver a ti? Feroces
somos tus hijos. Sabes
que no te merecemos quizás, que hoy una sombra
maldita nos desune, nos separa
de tu agobiado corazón, cayendo
atroz, dura, mortal, sobre sus telas,
como un oscuro hachazo.
No, no tenemos manos, ¿verdad?, no las tenemos,
que no lo son, ay, ay, porque son garras,
zarpas siempre dispuestas
a romper esas fuentes que coagulan
para ti sola en llanto.
No son dientes tampoco, que son puntas,
fieras crestas limadas incapaces
de comprender tus labios y mejillas.
Han pasado desgracias,
han sucedido, madre, verdaderas
noches sin ojos, albas que no abrían
sino para cerrarse en ciega muerte.
Cosas que no acontecen,
que alguien pensó más lejos,
más allá de las lívidas fronteras del espanto,
madre, han acontecido.
Y todavía por si acaso hubieras,
por si tal vez hubieras soñado en un momento
que en el olvido puede calmar el mar sus olas,
un incesante acoso
un ceñido rodeo
te aprietan hasta hacerte
subir vertida y sin final en sangre.
Júntanos, madre. Acerca
esa preciosa rama
tuya, tan escondida, que anhelamos
asir, estrechar todos, encendiéndonos
en ella como un único fruto
de sabor dulce, igual. Que en ese día,
desnudos de esa amarga corteza, liberados
de ese hueso de hiel que nos consume,
alegres, rebosemos
tu ya tranquilo corazón sin sombra.

Rafael Alberti

Mujer: madre no te hace el parir;
madre te hace la abnegada entrega
por el bien de quienes crecieron
en tu vientre.

jureme

La madre que abandona al padre se sus
hijas, para irse a vivir con otro; lo
hace para iniciar las en el sexo prema
turamente, y por ende compartir el mismo
hombre.

jureme
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