Poemas Dioses

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El ocaso de los dioses

No hay nadie en la calle, en los ruidos húmedos, /
en el
vuelo de las hojas y mis pasos quieren reiniciar 
las maderas de la adolescencia. 
 
Pero todo está abandonado, no hay nada que pueda 
favorecernos; ningún aire de inconsciencia, ningún 
reino de libertad. Sólo hábitos tolerantes /
haciendo
crujir nuestra memoria. "Ha estado bien", decimos. 
 
Dueños del incendio, de la bondad del crepúsculo, 
de nuestro hacer, de nuestra música, del único 
amor incoherente; soberanos de esa calle donde los 
tactos y la impresión hicieron su universo. 
 
Las sombras acarician aún sus veredas, tu mismo 
nombre y tu gesto son una forma nocturna que en 
esa constelación crece y sabe enrostrar nuestra 
culpa. 
 
Y todo termina con una esperanza, con una dilación 
?"ha estado bien"?, o en un bostezo, o en otro 
lugar donde es menester el coraje. 
 

Francisco Urondo

Safo

Ese hombre es igual a los dioses
frente a frente sentado escuchando
tu dulce voz y tu encantadora risa.

Eso es lo que provoca un tumulto
en mi pecho. De sólo mirarte
mi voz tiembla, mi lengua desfallece.

De inmediato, un ligero fuego corre
por mis miembros; mis ojos
enceguecen y mis oídos retumban.

Brota el sudor: un temblor
me acosa. Empalidezco más
que la hierba y a punto estoy de morir.

De "W.C.W. :Doce versiones"

Alberto Girri

Las Cartas de Los Difuntos

Leemos las cartas de los difuntos como impotentes dioses,
pero dioses a fin de cuentas porque conocemos las fechas
posteriores.
Sabemos qué dinero no ha sido devuelto.
Con quién se casaron rápidamente las viudas.
Pobres difuntos, inocentes difuntos,
engañados, falibles, ineptamente precavidos.
Vemos los gestos y las señas que hacen a sus espaldas.
Cazamos con el oído el rumor de los testamentos rotos.
Están sentados frente a nosotros, ridículos, como en panecillos
con mantequilla,
o se echan a correr tras los sombreros que vuelan de sus cabezas.
Su mal gusto, Napoleón, el vapor y la electricidad,
sus mortales curas para enfermedades curables,
el insensato Apocalipsis según San Juan,
el falso paraíso en la tierra según Juan Jacobo...
Observamos en silencio sus peones en el tablero,
sólo que tres casillas más allá.
Todo lo previsto por ellos salió de una manera totalmente
diferente,
o un poco diferente, es decir, también totalmente diferente.
Los más diligentes nos miran ingenuamente a los ojos,
porque hacían cuenta de que encontrarían en ellos la perfección.

De "Si acaso" 1972 Versión de Abel A. Murcia

Wislawa Szymborska

Los Dioses Desconfiados

«No, no», decían los dioses,
«si ha de haber un ojo,
que pertenezca a la montaña.»
«No, no», decían los dioses,
«si ha de haber una risa,
ofrezcámosela al océano para que se anime.
¡La palabra para el pavo,
para el cactus, para el arroyo!
Y el pensamiento,
que de él se adueñe la roca
para reconocerse mejor.»
«No, no», decían los dioses,
«ahorrémonos
el error humano.»

De "Cuatro testamentos y otros poemas"

Versión de Enrique Moreno Castillo

Alain Bosquet

Noche Divina

Este jardín nos cede su delicia,
nos cede el árbol de manzanas lleno.
fuente de dioses a la sed propicia,
pan del instinto, para el hambre, bueno.

Mas blanco mármol sin igual pudicia
fija en nosotros su mirar sereno:
muslo desnudo, vigoroso el seno,
puro, como la luz que lo acaricia.

Se hacen tus ojos demasiado azules,
cubren tus manos impalpables tules
y algo divino te levanta en vuelo.

No cortemos la fruta deleitosa
y mira el alma en una nube rosa,
cómo es de azul la beatitud del cielo.

Alfonsina Storni

Uno de Sus Dioses

Cuando uno de ellos atravesaba el ágora
de Seleucia al caer la tarde,
en la figura de un hombre joven, alto y hermoso,
perfumada la negra cabellera
y la alegría de la inmortalidad en sus pupilas,
los que al pasar le contemplaban
se preguntaban uno a otro si alguien acaso le conocía,
si era tal vez griego de Siria o un extranjero. Pero algunos
que le observaban más atentos
comprendían y se apartaban.
Y mientras él, bajo los pórticos,
entre las sombras se perdía y la luz tenue del crepúsculo
hacia los barrios que despiertan
sólo en la noche para la orgía,
la embriaguez y la lujuria y todo género de vicios,
admirados se preguntaban cuál de entre ellos era éste
y por qué placer equívoco
hasta las calles de Seleucia descendía desde la augusta
beatitud de sus moradas.

Versión de José Ángel Valente

Constantine Cavafy

La luz ligera que envuelve las imágenes de los dioses ha prefigurado la luz impasible de la inteligencia.

María Zambrano

Avanzando estos tres pasos, llegarás más cerca de los dioses: 1) Habla con verdad. 2) No te dejes dominar por la cólera. 3) Da, aunque no tengas más que muy poco que dar.

Buda

Es absurdo pedir a los dioses lo que cada uno es capaz de procurarse por sí mismo.

Epicuro

Todos los hombres son dioses para su perro. Por eso hay tanta gente que ama más a los perros que a los hombres.

Aldous Huxley

Ni los demonios ni los dioses existen, son todos productos de las actividades síquicas del hombre.

Sigmund Freud

Si hubiera una nación de dioses, éstos se gobernarían democráticamente; pero un gobierno tan perfecto no es adecuado para los hombres.

Jean Jacques Rousseau

Mientras no se perturbe a los dioses en sus templos, no seremos molestados en nuestros hogares.

Friedrich Nietzsche

¿Quién osó luchar con los dioses, y quién con el Único? Es hermoso ser un discípulo de Homero, aunque sea el último.

Johann Wolfgang Goethe

Los dioses no protegen a los tontos, los tontos son protegidos por tontos más capaces.

Larry Niven

El que se erige en Juez de la Verdad y del Conocimiento es anonadado por la carcajada de los dioses.

Albert Einstein

¿dioses? tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo se ni tengo medios para saberlo. Pero se, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros.

Epicuro

A fin de cuentas, un héroe es alguien que quisiera discutir con los dioses, y así debilita a los demonios para combatir su visión.

Norman Mailer

No sé, si, con excepción de la sabiduría, los dioses inmortales han otorgado al hombre algo mejor que la amistad.

Marco Tulio Cicerón

Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres.

Eduardo Galeano
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