Poesias Alusivas al Dia de la Madre

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Hoy en día el mundo está cabeza abajo y sufre tanto porque hay muy poco amor en los hogares y en la vida familiar.

Madre Teresa De Calcuta

La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz.

Madre Teresa De Calcuta

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio.

Madre Teresa De Calcuta

Nuestra tarea consiste en animar a cristianos y no cristianos a realizar obras de amor. y cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a dios.

Madre Teresa de Calcuta

Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.

Madre Teresa de Calcuta

A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

Madre Teresa de Calcuta

Ya no canto, madre, y si canto yo, muy tristes endechas mis canciones son; porque el que se fue, con lo que llevó, se dejó el silencio, y llevó la voz.

Luis de Góngora

Ser madre y ama de casa es el trabajo más grande del mundo, pero si no te interesa, no lo hagas. Yo habría sido una madre terrible.

Katherine Hepburn

El Paraíso Sobre Los Tejados

Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol que nace o muere, y el cristal
cerrará el aire sucio fuera del cielo.

Se nos despierta una mañana, una vez para siempre,
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Llenará la estancia,
por la gran ventana, un cielo más grande.
Desde la escalera, subida una vez para siempre,
no llegarán voces, ni rostros muertos.

No será necesario dejar el lecho.
Sólo el alba entrará en la estancia vacía.
Bastará la ventana para vestir cada cosa
con una tranquila claridad, casi una luz.
Se posará una sombra descarnada sobre el rostro sumergido.

Será los recuerdos como grumos de sombra
aplastados como las viejas brasas
en el camino. El recuerdo será la llama
que todavía ayer mordía en los ojos apagados.

Versión de Carles José i Solsora

Cesar Pavese

Lovers go home

Ahora que empecé el día
volviendo a tu mirada
y me encontraste bien
y te encontré más linda
ahora que por fin
está bastante claro
dónde estás y dónde
estoy
sé por primera vez
que tendré fuerzas
para construir contigo
una amistad tan piola
que del vecino
territorio del amor
ese desesperado
empezarán a mirarnos
con envidia
y acabarán organizando
excursiones
para venir a preguntarnos
cómo hicimos. 

Homero Nicolás Manzione

Éxodo

En lo alto del día 
eres aquel que vuelve 
a borrar de la arena la oquedad de su paso; 
el miserable héroe que escapó del combate 
y apoyado en su escudo mira arder la derrota; 
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo 
para que el mar no arroje su cadáver a solas; 
el perpetuo exiliado que en el desierto mira 
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden; 
el que clavó sus armas en la piel de un dios /
muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro 
porque las profecías se están cumpliendo: atónito 
y sin embargo cierto de haber negado todo; 
el que abre la mano 
y recibe la noche. 

Jorge Emilio Pacheco

Cuando la forma del día desvanece

Cuando la forma del día desvanece 
esta ligazón con las cosas 
ya no es una palabra arrítmica 
es una fruta abandonada, de verdulería 
 
lo que no puedo nombrar no me pertenece 
aún así cuando lo digo 
adopto la forma extraña de un tren 
que retrocede varias veces por la misma vía. 
 

Mariana Suozzo

Día Trece

Mi corazón retrógrado
ama desde hoy la temerosa fecha
en que surgiste con aquel vestido
de luto y aquel rostro de ebriedad.

Día trece en que el filo de tu rostro
llevaba la embriaguez como un relámpago
y en que tus lúgubres arreos daban
una luz que cegaba al sol de agosto,
así como se nubla el sol ficticio
en las decoraciones
de los calvarios de los Viernes Santos.

Por enlutada y ebria simulaste,
en la superstición de aquel domingo,
una fúlgida cuenta de abalorio
humedecida en un licor letárgico.

¿En qué embriaguez bogaban tus pupilas
para que así pudiesen
narcotizarlo todo?
Tu tiniebla
guiaba mis latidos, cual guiaba
la columna de fuego al israelita.

Adivinaba mi acucioso espíritu
tus blancas y fulmíneas paradojas:
el centelleo de tus zapatillas,
la llamarada de tu falda lúgubre,
el látigo incisivo de tus cejas
y el negro luminar de tus cabellos.

Desde la fecha de superstición
en que colmaste el vaso de mi júbilo,
mi corazón obscurantista clama
a la buena bondad del mal agüero;
que si mi sal se riega, irán sus granos
trazando en el mantel tus iniciales;
y si estalla mi espejo en un gemido,
fenecerá diminutivamente
como la desinencia de tu nombre.

Superstición, consérvame el radioso
vértigo del minuto perdurable
en que su traje negro devoraba
la luz desprevenida del cenit,
y en que su falda lúgubre era un bólido
por un cielo de hollín sobrecogido...

Ramón López Velarde

Las Lágrimas

Las lágrimas son el vino de los ángeles.
San Bernardo

Un día el hombre vio llorar al ángel.
Algo había pasado en los espacios,
algo muy tierno o algo muy terrible,
y el hombre contemplaba conmovido
la alada criatura en su congoja.
Vio en su rostro encendido por la gracia
una expresión tan honda, vio en sus rasgos
abrirse tales muestras de tristezas
y pasar por su frente tales nubes
de inmensos infortunios, que prendado
quedóse allí mirando la nobleza
de aquel dolor. El ángel suspiraba
cual si en sí mismo un mundo más potente
diera un extraño impulso a su amplio pecho.
Llevábase las manos tan hermosas
a su faz dolorida, y el trastorno
daba a su cabellera un indolente
sabor de adversidad. Cuando en sus ojos
comenzaron con lívidos fulgores
a cuajarse unas aguas con destellos
de sobrenaturales inclemencias,
el hombre se sintió sobrecogido
y allá en su corazón algo ignorado
fluyó a su vez; caían sobre el ángel
unas lágrimas densas, arrastrando
no se sabe qué peso delicioso,
y cada vez que abría sus pupilas
hacia el vaso horizonte le manaba
aquel triste caudal. ¡Ay!, dijo el hombre,
¿qué goce extraño es ése o desvarío
que siento remontar en mis entrañas,
qué turbadora imagen comunica
a mi ser un dolor irresistible?
Y cuando con dulzura abandonado
lloró también gimiendo amargamente,
una sal en los labios le vertían
las luces de sus ojos.

Juan Gil-Albert

Estudio de mi madre

No hay vida sin canto, como no hay vida sin sol. /
Julio Fucik
 
Mi madre tenía la piel blanca y los ojos 
castaños. Su vida fue corta y nada fácil. 
Le gustaba vivir y soñar en cosas imposibles. 
A veces se ponía una flor en los cabellos 
y cantaba. La espuma del jabón corría en tanto 
-olorosa, inocente-por sus manos. 
Mi madre tenía los dedos finos, tiernos 
y hábiles. 
De sus manos salían flores, frutos y pájaros 
de hilo. 
Amaba loa belleza y vivió poco. 
El sol brillaba sobre su frente de muchacha. 

Pompeyo del Valle

Dichoso fui

Un ave aquí de todos conocida
cantaba el otro día en el jardín 
, y en su cantar decía, suspirando:
?..¡Dichoso fui!?
Turbóse mi alma al escuchar el centro,
honda tristeza a mi pesar sentí.
¡Ay!, no poder decir como aquel ave:
?...¡Dichoso fui!? 

Antonio Najarro

Tiempo Arriba

¿Cómo podrás estar, querida Sabia,
sufriendo con tus ojos todo el día
tanto torvo mural, volada reja,
-comiendo como un pájaro en la nieve-
sonriendo y haciendo que no has visto
tanta pared gritando: «prohibida
la vida», sí, la gran envenenada?

¿Cómo sucede así, querida mía,
sin que quiebren las cosas más hermosas,
sin que el mar caiga al punto en la ruina,
el pan no sea ya el pan, la luz se seque,
y yo no muera o de repente tome
un camino y no sepas de mí nunca ?

Marisa Sabia y otros poemas, 1963.

Eladio Cabañero

A través

Doblo la página del día, 
escribo lo que me dicta 
el movimiento de tus pestañas. 
 

 
Mis manos 
abren las cortinas de tu ser 
te visten con otra desnudez 
descubren los cuerpos de tu cuerpo 
Mis manos 
inventan otro cuerpo a tu cuerpo. 
 

 
Entro en ti, 
veracidad de la tiniebla. 
Quiero las evidencias de lo oscuro, 
beber el vino negro: 
toma mis ojos y reviéntalos. 
 

 
Una gota de noche 
sobre la punta de tus senos: 
enigmas del clavel. 
 

 
Al cerrar los ojos 
los abro dentro de tus ojos. 
 

 
En su lecho granate 
siempre está despierta 
y húmeda tu lengua. 
 

 
Hay fuentes
en el jardín de tus arterias. 
 

 
Con una máscara de sangre 
atravieso tu pensamiento en blanco: 
desmemoria me guía 
hacia el reverso de la vida. 
 

Octavio Paz

Tratado sobre los padres

Hablo con mi madre 
y lo entiendo todo: 
 
mi padre es una persona 
muchas veces insoportable 
y se hace muy difícil convivir con él. 
 
Al rato hablo con mi padre 
y lo entiendo todo: 
 
mi madre es una persona 
muchas veces insoportable 
y se hace muy difícil convivir con ella. 

Gustavo Álvarez Nuñez Argentina

La torre más alta

?«La torre, madre, más alta 
es la torre de aquel pueblo, 
la torre de aquella iglesia 
hunde su cruz en el cielo. 
 
»Dime, madre, ¿hay otra torre 
más alta en el mundo entero?» 
 
?«Esa torre sólo es alta, 
hijo mío, en tu recuerdo». 

Baldomero Fernández Moreno
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