Textos de Alfonsina Storni
Dientes de Flores, Cofia de Rocío...
Último poema antes de suicidarse.
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara en la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola; oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.
Transfusión
La vida tuya sangre mía abona
y te amo a muerte, te amo; si pudiera
bajo los cielos negros te comiera
el corazón con dientes de leona.
Antes de conocerte era ladrona
y ahora soy menguada prisionera.
¡Cómo luce de bien mi primavera!
¡Cómo brilla en tu frente mi corona!
Sangre que es mía en tus pupilas arde
y entre tus labios pone cada tarde
las uvas dulces con que pan convida.
Y en tanto; flor sin aire, flor en gruta,
me exprimo toda en ti como una fruta
y entre tus manos se me va la vida.
La Caricia Perdida
Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos ... En el viento, al rodar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida, ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va,
si no ves esa mano ni la boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida ¿me reconocerás?
Noche Divina
Este jardín nos cede su delicia,
nos cede el árbol de manzanas lleno.
fuente de dioses a la sed propicia,
pan del instinto, para el hambre, bueno.
Mas blanco mármol sin igual pudicia
fija en nosotros su mirar sereno:
muslo desnudo, vigoroso el seno,
puro, como la luz que lo acaricia.
Se hacen tus ojos demasiado azules,
cubren tus manos impalpables tules
y algo divino te levanta en vuelo.
No cortemos la fruta deleitosa
y mira el alma en una nube rosa,
cómo es de azul la beatitud del cielo.
Bajo Tus Miradas
Es bajo tus miradas donde nunca zozobro;
es bajo tus miradas tranquilas donde cobro
propiedades de agua; donde río, parlera,
cubriéndome de flores como la enredadera.
Es bajo tus miradas azules donde sobro
para el duelo; despierto sueños nuevos y obro
con tales esperanzas, que parece me hubiera
un deseo exquisito dictado Primavera:
Tener el alma fresca, limpia; ser como el lino
que es blanco y huele a hierbas. Poseer el divino
secreto de la risa; que la boca bermeja
persista hasta el silencio postrero, bella, fuerte,
¡y libe en la corola suprema de la Muerte
con su última abeja!
Tríptico de Buenos Aires
En recuerdo de Alfonsina Storni
y Jorge Luis Borges
"De pronto es el amor el que te viene
y te llena la sangre de oleaje
y grita por tus poros, rebelado,
y sube desde el mirto a los cipreses".
Santiago Castelo
I
RETORNO CON AIRE DE AUSENCIA
Para Alba Estrella Gutiérrez
Retorno con aire de ausencia
el camino incierto
de las calles.
Vieja costumbre de acariciar
la tarde
que apenas aprendo a descifrar
en Florida y Lavalle.
Miro los ojos de la muchedumbre
sin detenerme
en la duda o la tristeza.
Los semáforos atrapan
todos los amarillos
posibles de la espera,
y ahí estás,
tras los espejos,
brújula de sueños
tragándote todas las esquinas,
siempre esperando,
siempre buscada.
Tomo tu rostro
anónimo y roto
de soledad
le propongo a tus pupilas
una ceremonia
de búsquedas
para esta noche,
algo así como
un tango de buzos
en los hoteles del vino,
y me dices que sí,
que agitemos la luna
y los violines,
que nos desnudemos
sobre olorosas sábanas
y exploremos los caminos,
esos que aún tenemos que recorrer
en la fiesta-encrucijada
de nuestro próximo naufragio.
II
BUSQUÉ EL DÍA
A Enzina Santacroce
Busqué el día en el amanecer de tus ojos
la sabiduría del beso en la hora
que marcaban tus labios sedientos
la espuma de tu verde piel
en la cicatriz precisa
de una vieja canción de amor.
Alcancé tus rosados pechos desnudo
en un asalto de mis dedos alocados
y el tiempo brotó en una espiral blanca de campanas
en un gemido de relámpagos y nieve.
Abrí tus entrañas vegetales
al blanco concierto de la lluvia
dibujé en tus muslos con mis dientes
mil avenidas de sonrisas y pétalos
y al rozar la humedad encendida
de tu medialuna de lirios y sangre
tus caderas temblaron en un estallido espasmódico
de hijos imposibles y de gritos abrazados
al tiempo hueco de los espejos.
Agoniza ahora la sombra líquida del sueño
sobre la fugaz primavera de nuestros cuerpos
y ene sta alborada de hoteles y cansancio
las palomas empiezan a recoger el viento de tus besos
a borrar tu rostro gesto a gesto
y a hacerte ausencia de un solo manotazo.
III
ANTES DEL REGRESO
A Olinda Montenegro de Cibulsky
Aún estoy en Buenos Aires
-Waldorf, 315, doble con baño-
y tu rostro
quiere esfumarse crepuscular
derrotado por el horizonte.
Puedo evocar todavía,
mientras la maleta
se me llena de ausencia
y pequeñas muertes compartidas,
el olor a vino y vegetal
de tu boca entreabierta,
la calidez lejana
de tu piel de primavera y amianto,
la herida imprecisa
de tus ojos sedientos,
y hasta el lago de abejas,
la champaña y el llanto.
Ya los ángeles
braman olvido
desde el último beso
y la orquesta
ensaya los colores
de la tristeza,
ya las calles vacías
con el gris perfecto del silencio
y la luna
esperándome
en el puerto.
Mañana podré buscarme
nuevamente en otra ciudad
de puertas abiertas
y calles sin memoria
donde posiblemente
seguirá creciendo
el olvido
bajo la nieve dormida
de sus montañas.
De "La Ciudad" 2001