Textos de Juan Gelman

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LXXII

con amenazas y promesas con veneno y ajenjo 
los albañiles edificaron la casa del rey 
y después no pudieron holgar porque 
vino la muerte a darles otro empleo 
 
los albañiles le dijeron a la huesuda 
no nos lleves hay qué hacer todavía 
hay que revocar a fino las paredes hay que 
limpiar las manchas de cal los carpinteros 
 
tenían que mejorar el acabado 
de las puertas los marcos de las puertas 
los pintores no habían terminado de pintar 
¿cómo nos vas a tomar ahora? le decían 
 
pero la muerte dijo que 
necesitaba un palacio como aquél y más 
bello que aquél y quería que trabajaran para ella /
y
los empezó a separar por oficio 
 
hasta que llegó a Hiranyaka el mejor 
de los albañiles autor de paredes famosas y cuando 
lo iba a pasar al otro lado le preguntó 
¿dónde está tu corazón? 
 
tiene que venir también tu corazón 
no lo tengo contestó Hiranyaka 
ha hecho su casa en una mujer 
oh muerte restos de mi corazón 
encontrarás en cada casa de este reino 
en cada pared que levanté hay restos de mi corazón 
pero mi corazón 
ha hecho su casa en una mujer 

Juan Gelman

Arte poética

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío, 
como un amo implacable 
me obliga a trabajar de día, de noche, 
con dolor, con amor, 
bajo la lluvia, en la catástrofe, 
cuando se abren los brazos de la ternura o del /
alma,
cuando la enfermedad hunde las manos. 
 
A este oficio me obligan los dolores ajenos, 
las lágrimas, los pañuelos saludadores, 
las promesas en medio del otoño o del fuego, 
los besos del encuentro, los besos del adiós, 
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la /
sangre.
 
Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos, 
rostros oscuros los escriben como tirar contra la /
muerte.
 

Juan Gelman

Una mujer y un hombre

Una mujer y un hombre llevados por la vida, 
una mujer y un hombre cara a cara 
habitan en la noche, desbordan por sus manos, 
se oyen subir libres en la sombra, 
sus cabezas descansan en una bella infancia 
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz, 
una mujer y un hombre atados por sus labios 
llenan la noche lenta con toda su memoria, 
una mujer y un hombre más bellos en el otro 
ocupan su lugar en la tierra.Si Dulcemente 
 

Juan Gelman

El juego en que andamos

Si me dieran a elegir, yo elegiría 
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices. 
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente, 
esta pureza en que ando por impuro. 
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados. 
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
de "El juego en que andamos"
 

Juan Gelman

Oración

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una como mi sangre.
Tu boca entre a mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.

Con esta sed quemándome.

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

Juan Gelman

La Secreta Dulzura Del Dolor...

la secreta dulzura del dolor
es transparencia/sale
de la furiosa resignación del sueño/
suena en la boca del perdido

en su origen/en su
rumor de existencia que
le clava la cabeza al gran espanto/
al doble andar/al doble hilo/a la

no verdad del estar como no estar/
el vuelo torpe que los cría/
lo que rompe la luz/memoria

confusa por sus números/
pecho que dura como huella/
la nada que te ama/

Juan Gelman

Alza Tus Brazos

Alza tus brazos,
ellos encierran a la noche,
desátala sobre mi sed,
tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana,
que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,
cávame del dolor, límpiame el aire:
yo quiero amarte libre.

Tú destruyes el mundo para que esto suceda
tu comienzas el mundo para que esto suceda.

Juan Gelman

Te Nombraré Veces Y Veces

Te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
Noches y días con vos.
Me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
Te mostraré mi rabioso corazón.
Te pisaré loco de furia.
Te mataré los pedacitos.
Te mataré una con Paco.
Otro lo mato con Rodolfo.
Con Haroldo te mato un pedacito más.
Te mataré con mi hijo en la mano.
Y con el hijo de mi hijo muertito.
Voy a venir con Diana y te mataré.
Voy a venir con José y te mataré.
Te voy a matar derrota.
Nunca me faltará un rostro amado
para matarte otra vez.
Vivo o muerto un rostro amado
hasta que mueras
dolida como estás ya lo sé.
Te voy a matar yo
te voy a matar.

Juan Gelman

Gotán

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

Juan Gelman

Ausencia de Amor

Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.

Juan Gelman

Oración de Un Desocupado

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,!
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello

Juan Gelman

Límites

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.

Juan Gelman

Nota Xxii

huesos que fuego a tanto amor han dado
exiliados del sur sin casa o número
ahora desueñan tanto sueño roto
una fatiga les distrae el alma

por el dolor pasean como niños
bajo la lluvia ajena/una mujer
habla en voz baja con sus pedacitos
como acunándoles no ser/o nunca

se fueron del país o patria o puma
que recorría la belleza como
dicha infeliz/país de la memoria

donde nací/morí/tuve sustancia/
huesitos que junté para encender/
tierra que me entierraba para siempre.

Juan Gelman

Lo Que Cava

La sangre corcovea
en todos los rincones, en
el alma superior, en su orgullo,
en los perros con olor a furia.
El ser amado convierte
la humillación en asombro y vengo aquí
para decir que te amo. El domingo
del payaso prueba la desolación.
La emoción contra la pared
espera que la fusilen.
Nuestros cuerpos conocen esa pared.
Es una atadura del sol
que cava y cava.

Juan Gelman

La Muchacha Del Balcón

La tarde bajaba por esa calle junto al puerto
Con paso lento, balanceándose, llena de olor,
Las viejas casas palidecen en tardes como ésta,
Nunca es mayor su harapienta melancolía
Ni andan más tristes de paredes,
En las profundas escaleras brillan fosforescencias
como de mar,
ojos muertos tal vez que miran a la tarde como si
recordaran,

eran las seis, una dulzura detenía a los desconocidos,
una dulzura como de labios de la tarde, carnal,
carnal,
los rostros se ponen suaves en tardes como ésta,
arden con una especie de niñez
contra la oscuridad, el vaho de los dancings.

Esa dulzura era como si cada uno recordara a una
mujer
Sus muslos abrazados, la cabeza en su vientre,
El silencio de los desconocidos
Era un oleaje en medio de la calle
Con rodillas y rostros de ternura chocando
Contra el "New Inn", las puertas, los umbrales de
color abandono.

Hasta que la muchacha se asomó al balcón
de pie sobre la tarde íntima como su cuarto con la
cama deshecha

donde todos creyeron haberla amado alguna vez
antes de que viniera el olvido.

Juan Gelman

Ahora

Me has enseñado a respirar
Juan Gelman

Porque ahora paso mi mano sobe el envés de las hojas y sé leer su alfabeto
y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta

porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia
donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila

y sé llamar las cosas
de modo que éstas salten se desnuden
y todo sea reciente
para mis ojos que aman en tus ojos

porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras
y mi sangre palpita como una iguana abierta

porque ahora mi cuerpo recupera sus partes
y nace una piel nueva que derrota el verano

porque me has enseñado a respirar.

Piedad Bonnett
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