Colección de elpensador

Resultados 1 - 20 de aproximadamente 13613

No es sólo en la guerra, sin embargo, que peleamos por la libertad. Uno pelea por libertad en contactos personales y en muchas fases de la vida civil. Todo el tiempo, día a día, tenemos que continuar luchando por la libertad de religión, libertad de expresión y libertad de la pobreza, por todas aquellas cosas que deben ser ganadas en paz así como en la guerra.

Eleanor Roosevelt

Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria.

Filippo Marinetti

Las formas de nuestra época se obtienen recorriendo el mismo camino por el que avanzaron nuestros antecesores para construir sus extraordinarios templos, catedrales o castillos, para los que no encontraron ningún modelo, pero que respondían a sus necesidades, deseos e ideales y se acercaban a sus aspiraciones.

Ernst Neufert

El Banquete Que Os Propongo...

El banquete que os propongo es para el día de mi muerte
y responde al amor que yo siento y deseo:
pido que se me coma,
que mi ser en no ser no se mude
sino en puro alimento;
comunión caníbal suplico,
génesis en el otro.

Nadie quiere comerme,
enferma estoy de amor.

"Vivir" 1983

Clara Janés

Mirad, mirad bien el camino de la droga antes de viajar por él y liaros con las malas compañías.

William Burroughs

Si tuviera que elegir entre el budismo y la paz, elegiría la paz.

Thich Nhat Hanh

Una Simple Frase

EL AMOR Y LA AMISTAD
SON LAS ENFERMEDADES
MAS DULCES DEL MUNDO.
Y, PARA ESO, NO EXSITEN
REMEDIOS

agustina pettinato

Crecí para ti. Tálame. Mi acacia implora a tus manos su golpe de gracia.

Juana Ibarbourou

Abre tu alma y tu oído al son de mi mandolina: para ti he hecho, para ti, esta canción cruel y zalamera.

Paul Verlaine

Como Rumor de Muchedumbre

Como rumor de muchedumbre, o ruido
de torrentes huyendo, se construye,
sobre el silencio del durmiente,
el silencio de afuera: el que levantan
los dispuestos en cerco, los que miran
despertando sus armas en tu contra.

Herencia mía, mi plegaria,
hembra fundada en extensiones
hostiles, respirando entre insidiosos
oleajes de ahogo, desarmada.

Ciudad encomendada a mi vigilia,
a salvo junto a mí, con su riqueza
de cuerpos maternales, y de enfermos
tiernamente guardados,
y de suntuosas luces coronadas
y de manos de huérfanos en sueños.

Voy y vengo delante
de ti, sobre mis pasos, en tu orilla,
cómplice de tu cuerpo silencioso;
soy, en tus bordes, atalaya
que te cubre de lejos; voz velando,
llamando, transmitiendo
su noticia nocturna
de centinela sobre el muro.

No para ti los perros de la furia
ni los enrojecidos
humeantes jinetes al asalto;
no la puerta rajada, ni el relámpago
de la espada en la alcoba,
ni el temblor de las sábanas terribles
bajo la violación, ni los gemidos.

Aquí velo, aquí estoy, aquí me aguanto
mi corazón. Clavado a la mirada
mía, y a mis pasos,
y al grito de mi boca, y a mi oreja.

Rubén Bonifaz Nuño

Y cuando tú no estás, sueño que duermo sueño que sueño.

Paul Éluard

Evocando el pasado y los días lejanos lloraré.

Paul Verlaine

En Vietnam, descubrí que los más grandes líderes no eran las personas duras que gritaban y chillaban o que eran físicamente abusivos. En el calor de la batalla, encontré que los mejores líderes eran a menudo callados, valientes y cuando ellos hablaban, le hablaban a nuestros espíritus y almas.

Robert Kiyosaki

Estad firmes y quedos en estas rocas y peñas que tenéis por parapetos, y defendeos valerosamente de vuestros enemigos para guardar la plaza y con ella vuestras personas.

Tucidides

Quien hace un paraíso de su pan, de su hambre hace un infierno.

Antonio Porchia

El Lecho de Espinas

In lectulo meo per noctes quoesivi quem
diligit anima mea: quoesivi illum, et non
inveni (Cant. III)

En mi lecho de fl0res
mi labio lo ama;
no lo ama, no,
tan sól0 lo sueña.
Si el Amor no llega,
yo me moriría.
Si el Amor no llega-
yo me moriré.

Lo buscan mis brazos,
mi gemido lo llama:
«¿Dónde estáis, Amador,
puñadito de mirra?
Decídmelo, por favor,
si queréis que venga.
No hay sueño en mis ojos,
cuando el brazo no os tiene,
cuando vos marcháis
lejos está la elegría.
Saldré a buscaros ,
cual cierva herida
que busca la fuente,
la fuente de agua viva.»
Tropieza a los soldados
que guardan la villa:
«¿No habréis visto
al Amor de mi vida?»
Me han quitado el manto,
el manto de viuda,
y con sus manos crueles
me han amortecido;
mas, ay, de sus golpes
apenas me dolía,
que me quita el dolor
más suave herida.
Un poco más allá
gemir oía.
Lo veo en la Cruz
donde, llamándome, expira,
clavados pies y manos,
la cabeza entre espinas.
Los gemidos que hace,
yo bien los entendía.
Si el Amor no llega
yo me moriría.
Si el Amor no llega,
yo me moriré.
Cuando lo veo morir,
mi corazón suspira;
me abrazo a la Cruz
cual a una cepa de viña.
«Jesús, ya no quiero
el lecho que me placía,
os lo hice de flores
y lo queréis de espinas;
si en el vuestro me queréis,
en él yo dormiría,
clavados pies y manos,
la cabeza entre espinas,
y una lanzada en el corazón
que me arrebate la vida.»

Versión de José Batlló

Jacinto Verdaguer

El aventurero actual ha aprendido a contentarse con sombras de emoción. La televisión y el cine son sus melancólicos proveedores de asombro.

Alejandro Dolina

La mayoría de la gente considera la vida como una batalla, pero la vida no es una batalla sino un juego.

Florence Scovel

El segundo plano tiene que sumarse a la composición y ayudar a comprender al personaje. Hacer sólo el retrato de alguien famoso no significa nada.

Arnold Newman

Paseo Sentimental

Íbamos por el pálido sendero
hacia aquella quimérica comarca,
donde la tarde, al rayo del lucero,
se pierde en la extensión como una barca

Deshojaba tu amor su blanca rosa
en la melancolía de la estrella,
cuya luz palpitaba temerosa
como la desnudez de una doncella.

El paisaje gozaba su reposo
en frescura de acequia y de albahaca
Retardando su andar, ya misterioso,
lenta y oscura atravesó la vaca.

La feliz soledad de la pradera
te abandonaba en égloga exquisita
y el vibrante silencio sólo era
la pausa de una música infinita.

Púsose la romántica laguna
sombríamente azul, más que de cielo,
de serenidad grave, como una
larga quejumbre de «violoncello»,

La ilusión se aclaró con indecisa
debilidad de tarde en tu mirada,
y blandamente perfumó la brisa,
como una cabellera desatada.

La emoción del amor que con su angustia
de dulce enfermedad nos desacerba,
era el silencio de la tarde mustia
y la piedad humilde de la hierba.

Humildad olorosa y solitaria
que hacia el lívido ocaso decaía,
cual si la tierra, en lúgubre plegaria,
se postrase ante el cielo en agonía.

Al sentir más cordial tu brazo tierno,
te murmuré, besándote en la frente,
esas palabras de lenguaje eterno,
que hacen cerrar los ojos dulcemente.

Tus labios, en callada sutileza,
rimaron con los míos ese idioma,
y así, en mi barba de leal rudeza,
fuiste la salomónica paloma.

Ante la demisión de aquella calma
que tantos desvaríos encapricha,
sentí en el beso estremecerse tu alma,
al borde del abismo de la dicha.

Mas en la misma atónita imprudencia
de aquel frágil temblor de porcelana,
a mi altivez confiaste tu inocencia
con una fiel seguridad de hermana,

y de mi propio triunfo prisionero,
me ennobleció la legendaria intriga
que sufre tanto aciago caballero
portante el mal de rigorosa amiga.

Sonaba aquel cantar de los rediles
tan dulce que parece que te nombra,
y florecía estrellas pastoriles
el inmenso ramaje de la sombra.

La noche armonizábase oportuna
con la emoción del cántico errabundo,
y la voz religiosa de la luna
iba encantando suavemente al mundo.

Sol del ensueño, a cuya magia blanca
conservas, perpetuado por mi afecto,
el azahar que inmarcesible arranca
la novia eterna del amor perfecto.

Tonada montañesa que atestigua
una quejosa intimidad de amores,
apalabrando con su letra antigua
«El dulce lamentar de dos pastores».

Y vino el llanto a tu alma taciturna,
en esa plenitud de amor sombríos
con que deja correr la flor nocturna
su venturoso exceso de rocío;

desvanecida de tristeza, cuando
pues, ¡quién no sentirá la paz agreste
un plenilunio lánguido y celeste
cifre el idilio en que se muere amando!

Bajo esa calma en que el deseo abdica,
yo fui aquel que asombró a la desventura,
ilustre de dolor como el pelícano
en la fiera embriaguez de su amargura.

Así purificados de infortunio,
en ilusión de cándida novela,
bogamos el divino plenilunio
como debajo de una blanca vela.

Íbamos por el pálido camino
hacia aquella quimérica comarca,
donde la luna, al dejo vespertino,
vuelve de la extensión como una barca.

Y ante el favor sin par de la fortuna
que te entregaba a mi pasión rendida,
con qué desgaire comulgué en la luna
la rueda de molino de la vida.

Difluía a lo lejos la inconclusa
flauta del agua, musical delirio;
y en él embebecida mi alma ilusa,
fue simple como el asno y como el lirio.

Sonora noche, en que como un cordaje
la sombra azul nos dio su melodía.
Claro de luna que, al nupcial viaje,
alas de cisne en su blancura abría...

Aunque la verdad grave de la pena
bien sé que pronto los ensueños trunca,
cada vez que te beso me enajena
la ilusión de que no hemos vuelto nunca.

Porque esa dulce ausencia sin regreso,
y ese embeleso en victorioso alarde,
glorificaban el favor de un beso,
una tarde de amor... Como esa tarde...

Leopoldo Lugones